Marcela Beltrán Quesada creció en un hogar donde la solidaridad era un valor innegociable. Hoy, desde la Fundación Club Campestre, dedica su vida a transformar más de 500 historias.

Marcela Beltrán Quesada creció escuchando de su madre una enseñanza que guía cada decisión de su vida: “tenemos ángeles en el cielo, pero siempre debemos ser ángeles en la tierra”. Convirtió esa frase en su filosofía y el verbo dar, mueve sus días. Está convencida de que siempre hay una forma de tender la mano al otro.
Es hija de una familia numerosa, la cuarta de cinco hermanos. La herencia y el legado de sus padres marcaron su carácter. Marcela creció en un hogar en el que la solidaridad era un valor innegociable.
“Mi papá y mi mamá siempre fueron personas con un corazón gigantesco, en las empresas y en todo lo que hicieron en su vida, siempre pensaban en los demás. En la familia todos tenemos esa vena de servicio. No es simplemente estar pensando en uno mismo sino en dar”, recuerda.
Con esa convicción de que todos somos ese “pedacito que podemos dar”, Marcela asume cada etapa de su historia personal y profesional como una oportunidad para multiplicar lo que aprendió en casa, enaltecer las raíces caleñas de su madre, Ruth, y la berraquera santandereana de su padre, Otoniel. Lea también: “El turismo es el sector económico más humano”: Natalia Bayona, directora de ONU Turismo
Hoy, desde la Fundación Club Campestre de Bucaramanga, dedica su tiempo a transformar vidas, a servir con disciplina, gratitud y compromiso.
Un sueño cumplido
Marcela pasó su niñez en Cabecera del Llano, en una época en la que en Bucaramanga se vivía a un ritmo distinto. “Jugábamos en la calle, patinábamos, corríamos con los amigos del barrio. Hoy la tecnología une, pero también dispersa. En mi época no era así”, rememora.
De esos años de juegos también surgió su inclinación por la administración. Entre partidas de ‘Monopoly’ descubrió su pasión por los negocios, herencia que reforzó con el ejemplo de sus padres. No era casualidad que soñara con estudiar Administración de Empresas, carrera que cursó en la Universidad Autónoma de Bucaramanga, Unab.
Paralelo a sus estudios, abrió un almacén de ropa en la Quinta centro comercial, porque la moda es otra de sus pasiones. Además, participó en la creación de la marca Mr. Clean Lavaseco, de la cual es socia. Asumió con determinación, durante casi toda su vida, la gerencia financiera de Avisin (empresa familiar cuya marca insignia es Huevos San Pio) hasta pensionarse.
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“La generación de empleo es muy importante, la gente que lleva más de 35 años trabajando con nosotros tiene que continuar hasta que logren pensionarse. Es muy importante no desfallecer”, enfatiza. Le puede interesar: “Quiero hacer región”: María Juliana Remolina Ordóñez


Todos podemos dar. No siempre se trata de dinero, podemos dar un consejo, tiempo, opinión, o incluso hacer que dos personas se conecten. Siempre hay algo que compartir.

Amor y trabajo en equipo: sus pilares
Esa capacidad de resiliencia no la construyó sola. Siempre ha valorado el poder del trabajo en equipo. Considera que no se puede trabajar solo.
“Todos estos años he tenido la fortuna de estar con personas maravillosas. Gente muy capacitada, con disposición a aprender, honesta... Creo que ese es el éxito”, asevera.
En su vida personal también aplicó esa filosofía. Se casó muy joven con el médico Jorge Enrique Chona, con quien compartió 44 años de matrimonio. “Armamos un equipo gigantesco. Nos apoyamos siempre, conciliamos diferencias y nunca nos fuimos a dormir sin resolver los desacuerdos”, cuenta.
Hace apenas tres meses enfrentó su partida, pero su voz revela que será para siempre su gran soporte y compañero: el amor de su vida. “Siempre le voy a agradecer todo ese apoyo inmenso, incluso en estos últimos años con el tema de la fundación, él me apoyó muchísimo. Me daba ideas, me motivaba... eso fue muy lindo”, expresa.
Con él construyó un hogar que creció en amor y complicidad. Sus hijos, Diego Andrés y Jorge Daniel, son para ella una inspiración permanente.
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A esa familia se sumaron sus nueras, Alejandra y Daniela, quienes se integraron como piezas fundamentales. Y, como el mejor regalo de la vida, llegaron sus nietas: Mariana y Daniela. Ellas son hoy su alegría más grande, la motivación para dejar un legado.
La fe ha sido la brújula de Marcela. Heredó de sus padres la devoción y mantiene en su memoria la oración de San Francisco de Asís, que aprendió en el Colegio de la Santísima Trinidad: “Señor, hazme un instrumento de tu paz (...)”.
El carácter que admira de los hijos de esta tierra es el mismo que la impulsa a seguir organizando eventos, buscando recursos y tejiendo redes de apoyo. Lea también: Nora Loza: una vida forjada en cuero, creatividad y compromiso

El poder de las oportunidades
Hace seis años, Marcela asumió el reto de unirse a la Fundación del Club Campestre de Bucaramanga. La invitación a participar en la junta directiva se convirtió en su misión de vida. Su motivación son las 550 historias de los beneficiarios.
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Los resultados le llenan el alma. La fundación ha logrado que 84 familias tengan vivienda propia. “Hemos enseñado que sí se puede”, dice.
El programa “Te conozco” se ha convertido en una herramienta clave para identificar necesidades reales. “Nos sentamos con cada persona y escuchamos sus historias. A veces no es vivienda, sino problemas legales, de salud o familiares. Lo importante es dar oportunidades”, explica.
Uno de los programas que más la enorgullece es la ampliación de horarios escolares para niños cuyos padres trabajan todo el día. “Hoy tenemos 30 niños felices que estudian en jornada completa. Sus papás saben que están seguros y ellos tienen mejores oportunidades”.
Padres que soñaban con ver a sus hijos en la universidad han podido hacerlo realidad mediante alianzas con instituciones de la región. Y durante la pandemia, más de 300 computadores llegaron a hogares donde antes solo había un celular compartido.

Marcela asumió un compromiso con Santander, la tierra que la vio nacer y crecer. “Hay que luchar por Santander porque somos trabajadores, gente buena, pero necesitamos oportunidades”, afirma.

















