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Viernes 30 de agosto de 2024 - 01:00 AM

De lo que nos perdemos al no levantar la mirada

En Noruega, las visitas al psicólogo por problemas de salud mental disminuyeron en un 60% entre las niñas, quienes además reportaron mejoras significativas en su rendimiento académico.

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Hace unos días, mientras intentaba disfrutar de un tranquilo desayuno con mis hijos, me encontré una situación que se ha vuelto familiar: ellos con los ojos fijos en sus celulares, ignorando no solo la comida, sino también mis intentos de conversar. No es la primera vez que esto sucede. A la hora del almuerzo y la cena, la escena se repite como un déjà vu cotidiano, donde tengo que pedirles que dejen el celular a un lado. Y como si eso fuera poco, pasan tanto tiempo encorvados sobre sus dispositivos que parecen estar practicando para ser el jorobado de Notre Dame. Eso sí, cuando los llamo, no me escuchan o están ocupados en sus redes. ¿Qué está pasando con nuestros hijos?

Estudios recientes confirman que este es un fenómeno mundial que tiene profundas implicaciones para su rendimiento académico, su salud mental y, por qué no decirlo, hasta su vida, como le hemos visto en noticias recientes. Aunque en Colombia ya tenemos una ley que permite a los colegios regular el uso de estos dispositivos, pareciera que no logramos este cometido, pues como lo vivo en carne propia, si desde casa no hay límites, controles o reglas claras para su uso, no hay forma de controlar su uso fuera de casa.

La mayoría de los resultados de la prohibición en colegios ha traído efectos positivos. En Noruega, las visitas al psicólogo por problemas de salud mental disminuyeron en un 60% entre las niñas, quienes además reportaron mejoras significativas en su rendimiento académico. En los niños, aunque el rendimiento académico no mejoró de la misma forma, hubo una caída significativa en los casos de bullying, 46% en niños y 43% en niñas. De forma paralela, según la OCDE, el 90% de los niños en países desarrollados ya poseen un celular, y la mayoría de ellos lo usan para interactuar en redes sociales vinculandolo a una baja salud mental en adolescentes, sugiriendo que el uso extendido de celulares podría estar afectando su bienestar psicológico. Estamos hablando de una generación que se define más por los “likes” que por las conversaciones cara a cara.

Quizás el primer paso sea hacer que guarden el celular durante las comidas familiares y que levanten la mirada para conectarse con lo que realmente importa. Así, tal vez, no solo mejoraremos su postura física, sino también su postura ante la vida.

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