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Miércoles 18 de junio de 2025 - 01:00 AM

Respeto, sin perjuicio de libre pensamiento

La idea de los prelados no consistió en nada distinto que en buscar el diálogo y, como lo dijo el Cardenal, “sembrar algunas semillas de encuentro, de fraternidad y de confianza mutua y recíproca, necesaria para posteriores avances”.

Publicado por: JOSÉ GREGORIO HERNÁNDEZ GALINDO

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La reunión que tuvo lugar en Bogotá este 16 de junio, por invitación del Cardenal Luis José Rueda y la Conferencia Episcopal, en la cual participaron el presidente de la República Gustavo Petro, las cabezas de las otras ramas y órganos del poder público y varios funcionarios, tuvo por objeto propiciar un acercamiento y explorar las posibilidades de un cambio sustancial en el ejercicio de la actividad pública y la controversia política.

La idea de los prelados no consistió en nada distinto que en buscar el diálogo y, como lo dijo el Cardenal, “sembrar algunas semillas de encuentro, de fraternidad y de confianza mutua y recíproca, necesaria para posteriores avances”. Es apenas un comienzo, una aproximación, un intento, pero muy importante, con miras a lograr -ojalá algún día- algo tan distante como la concordia y el debate respetuoso, en vez del perjudicial clima vigente, de mutuos ataques, insultos y violencia verbal.

El constante enfrentamiento entre el Gobierno Nacional, el Pacto Histórico, los congresistas y miembros de los partidos y movimientos de oposición, que tiene lugar a nivel nacional y se refleja también en departamentos, distritos y municipios, obstruye constantemente el adecuado funcionamiento del Estado, impide la expedición de las leyes, desconoce principios constitucionales fundamentales, conspira contra el interés general y perjudica ostensiblemente a las comunidades.

En muchos casos, la agresividad del discurso y los ofensivos términos en que los unos se refieren a los otros inciden en el comportamiento de personas que se dejan llevar por las posiciones extremas y no vacilan en agraviar, amenazar, calumniar y hasta en usar la violencia física contra aquellos a quienes consideran sus enemigos, porque eso es lo que han escuchado de los dirigentes, en arengas, en manifestaciones y reuniones, en redes sociales, en medios de comunicación y hasta en sesiones del Congreso y en consejos de ministros.

Inclusive, la bien intencionada “marcha del silencio”, que buscaba unión -a propósito del absurdo atentado contra Miguel Uribe- terminó en ataques verbales y físicos contra periodistas, solamente por ejercer su trabajo en un determinado canal de televisión. Los agresores creían que ese era su deber; que la marcha era para eso e incurrieron en el delito. En muchos lugares, no hubo silencio sino gritos y ofensas.

En el Congreso, algo tan normal como el trámite del proyecto de ley de presupuesto se hizo imposible por causa del premeditado ausentismo. Es necesario que se regrese al mutuo respeto, sin perjuicio de la libertad de pensamiento político.

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