El bumangués registró 575 infracciones, superando las 272 cometidas por Vasundhara años atrás. La euforia que desató la hazaña solo es comparable con la que vivió la ciudad cuando Atlético Bucaramanga ganó su primera estrella.
….Vasundhara frunció el ceño. Dudó, por primera vez, si estaba frente al hombre capaz de arrebatarle su récord mundial. Yaider Chaparro no dijo una sola palabra. Le bastó con un leve asentimiento de cabeza para que Vasundhara entendiera que el bumangués había llegado a destronarlo.
Chaparro entregó el casco de copiloto a la señora Whitmore. Fitzpatrick activó el cronómetro. Vasundhara hizo sonar la corneta y la moto arrancó en contravía con una maniobra de kanguro: rueda delantera al aire, como declarando la guerra.
Yaider zigzagueó entre carros, perros, peatones y vendedores ambulantes. En apenas dieciséis minutos ya había acumulado treinta violaciones al código de tránsito, ejecutadas con una naturalidad pasmosa. Incluso las más difíciles —como treparse a un puente peatonal— las hacía ver como un juego de niños. Margaret Whitmore, aferrada a la moto, apenas lograba sostener el esfero con el que debía certificar cada infracción.
Transcurridos los sesenta minutos, la moto regresó al punto de partida. Fitzpatrick entregó a la notaría un micrófono de diadema que había comprado a un vendedor de remedios naturales minutos atrás. Whitmore se acomodó el aparato y declaró con solemnidad:
—Por el poder que me confieren las leyes del derecho internacional, doy fe de que el señor Yaider Chaparro, bumangués de nacimiento, rompió el récord mundial: ¡Se convierte hoy en el conductor de motocicleta con más infracciones cometidas en menos de una hora!
Luego elogió la audacia y el profesionalismo del santandereano al rayar con su máquina diecinueve automóviles detenidos en los semáforos. Subrayó su capacidad para ignorar sistemáticamente los pares y cruces prohibidos, destacó con particular entusiasmo su impecable maniobra al atravesar ocho luces rojas sin reducir la velocidad ni por un instante. Tampoco dejó pasar por alto al ciclista que logró derribar en una invasión quirúrgica a la ciclorruta.
Sobre todo, exaltó su concentración: la habilidad de Chaparro para lanzar insultos y escupitajos con asombrosa puntería a quien osara recriminarle su estilo de conducción, todo mientras batía el récord sin perder el equilibrio, pese a llevar el celular atrapado entre el casco y la mejilla. Eso fue, según sus palabras, “algo que el Guinness jamás había presenciado en ningún rincón del planeta”.
La comitiva entera, junto al nuevo campeón, firmó el acta. Más abajo firmé yo, como traductor. La casilla del Director de Tránsito quedó en blanco: no logró llegar, atrapado en un monumental trancón… en pleno carril exclusivo de Metrolínea.
El bumangués registró 575 infracciones, superando las 272 cometidas por Vasundhara años atrás.
La euforia que desató la hazaña solo es comparable con la que vivió la ciudad cuando Atlético Bucaramanga ganó su primera estrella.
Del que nadie habló ese día fue de Ramón Mauricio Solano, agente de tránsito que también batió récord mundial. Su proeza: El alférez que más infracciones dejó pasar en menos de una hora.











