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Miércoles 15 de octubre de 2025 - 01:00 AM

Se parece a alguien

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Las relaciones afectivas se originan y se mantienen en las similitudes e incompatibilidades de las personas. No nos hacemos amigos de alguien porque tengamos los mismos gustos, creencias, hábitos u opiniones. Es la necesidad de compartir con otros, obteniendo algún beneficio, la que media la distancia y la frecuencia en que se enmarca toda correspondencia. O por lo menos esta es una forma de verlo, que aspira a ser honesta, sin tener que darle un sentido romantizado y estandarizado de la amistad o del amor.

Lo curioso de proponerlo así es que se pueden prolongar y fortalecer las relaciones donde son notables las diferencias, habiendo algo que las integra, y no es sólo que “los opuestos se atraen”; aunque esto tenga algo de cierto, no pasa de ser una legendaria “frase de cajón”. La diferencia, la diversidad de opinión y de proceder; la contradicción entre los miembros de una coalición es una dinamizante que se acostumbra a pasar por alto pero que se vuelve relevante para marcar el ritmo de una relación y la satisfacción de quienes la conforman.

Pero, siendo consecuente con este análisis, vale mencionar lo que no se deja ocultar, y que la incomodidad hace evidente: la desilusión y el autoengaño se vuelven compañeros dispares en una relación. Y ser autocríticos daría la fuerza que revitaliza o replantea cualquier tipo de alianza. Sin embargo, en ocasiones la reflexión no entrega frutos que inspiren o que promuevan la evolución, y se vislumbra un panorama confuso donde la idolatría se equipara con la pleitesía, deformando a las personas y a la vida misma en un constante desequilibrio que transita y se normaliza desde las relaciones entre amigos o familiares, pasando por gobiernos, ciudadanos, instituciones, autoridades y otros involucrados…

Distanciarse de una relación y darle otra mirada es un reto personal; asumir una actitud impopular de reconocer no sólo la responsabilidad del otro, sino la propia participación en esta asimetría emocional. Ese que se parece a alguien, y que a lo mejor queremos evitar, se parece a nosotros mismos; pero sólo la experiencia y la madurez han de servirnos para descubrirlo.

Una persona que por estos días celebra cincuenta años de tomar distancia para acercarse a los problemas sociales, con una visión redefinida y con la experiencia que la madurez brinda, es el emblemático caricaturista KEKAR, o Cesar Almeida Remolina. Este santandereano es una leyenda viva de un arte engendrado por el periodismo, la opinión y por los trazos que con su mano le dan vida a cada ilustración. Que vengan muchos años más de vida para Kekar, y que nos siga mostrando, a través de su crítica gráfica, eso que nos hace similares e incompatibles.

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