El dato de inflación de enero, de 1,18%, confirmó lo que muchos esperábamos: que el 23% de incremento en el salario mínimo iba a impactar los precios de 2026. Por ello, buscando aplacar el impacto para los meses venideros, el Banco de la República ya había decidido aumentar en 100 puntos básicos las tasas de interés.
Y es que precisamente, el Banco ha estimado que el efecto del aumento en el salario mínimo, sin contar el efecto de otros choques simultáneos, puede ser de 2 puntos en la inflación de 2026, aun si la inflación llegare a ser inferior a la de 2025.
El gobierno no va a querer reconocer el efecto negativo del descomunal incremento salarial a pesar de que los mecanismos de transmisión ya afectaron los precios en enero, y seguramente en los siguientes, por cuenta de los mayores costos laborales, de la indexación y de las expectativas de inflación.
Los costos laborales afectan a los sectores intensivos en mano de obra, especialmente servicios como restaurantes, transporte y seguridad, y trasladan el aumento de nómina a los precios finales al consumidor. Por ello, las comidas en restaurantes subieron 2,94%, el transporte 2,14% y los alimentos 1,66%. Además, los precios en Colombia siguen muy indexados, pues 49 rubros de los 190 del IPC están vinculadas al salario mínimo, pero explican el 60% de la canasta.
A ello se suman las expectativas de inflación al alza pues el mayor salario hará que la inflación se aleje del rango meta del 3%. Ello implicará una política monetaria más restrictiva que aumentará el costo del dinero, afectando la inversión y el crédito, frenando la demanda agregada. En ese contexto, la subida de tasas no fue un capricho tecnocrático ni una reacción ideológica contra la política social del Gobierno.
La inflación de enero fue más alta en los pobres y vulnerables que en los hogares de ingresos altos, cuya inflación fue la más baja de todos los segmentos de ingreso. Ello resulta todo un contrasentido para un gobierno que se ha vanagloriado de defender a los pobres y de asegurar que sacó a más de 2 millones de personas de la pobreza.
Ya se puede anticipar lo que va a seguir en los próximos meses en medio de una campaña electoral desbalanceada e intervenida por las preferencias del gobierno a favor de un candidato. Continuará la cruzada comunicacional y de ataques en cabeza del presidente buscando defender el alza salarial, desconociendo su impacto negativo a punta de información acomodada y argumentaciones espurias. Los ataques se centrarán contra el Banco de la República y los empresarios quienes serán vistos como los únicos culpables de la debacle que se viene.











