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Miércoles 29 de abril de 2026 - 01:00 AM

Dudas y certezas

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Madurar es aprender a debatirse entre dudas y certezas. Afirmar que se conoce a la perfección cómo son y serán las cosas es una convicción defectuosa que, en ocasiones, impulsa una de las formas de autosabotaje más aceptadas: el conformismo.

Intentar predecir lo que ha de suceder es una experiencia común en algún momento de la niñez o la adolescencia, cuando pretendemos desarrollar algún tipo de poder psíquico, imitando una arraigada ficción popular. Predecir es algo tan serio que constituye una de las mayores aspiraciones de ciencias naturales como la física, la química y la biología. Otro tipo de predicción es la que se proyecta desde las ciencias sociales, donde la variabilidad del comportamiento humano la hace fascinantemente compleja, imperfecta e inacabada.

Pero espere, no abandone esta lectura prediciendo que se trata de un escrito académico, filosófico ni, mucho menos, político, y que hoy no está para entrar en esas discusiones. No se conforme con las primeras impresiones. Mejor intercambiemos algunos prejuicios, como los que tengo al escribir y los que usted utiliza cuando lee, y viceversa.

Avancemos en una dirección desconocida, llevando aquello de lo que estamos seguros y aquello de lo que dudamos o sabemos que ignoramos. Propongo que le demos el mismo valor a cada uno de estos dos aspectos para que podamos integrar un tercero: lo que anhelamos. Porque para hacer posible lo que anhelamos se requiere de un esfuerzo renovado que sopese las dudas y las certezas, y las convierta en esperanzas realizables.

Para el ser humano, vivir es una experiencia que integra lo biológico, lo cognitivo y lo conductual de manera semejante. Vivir es aprender y desaprender: dos facetas aparentemente contrarias que comparten la misma virtud e importancia. Adaptarse con madurez a lo inalterable de los entornos sociales no suprime nuestra capacidad de innovar, ni debilita nuestro instinto de trascendencia.

Últimamente, intentando aprender y desaprender, he tratado de acercarme al jazz: género musical originado en Nueva Orleans (Estados Unidos) a finales del siglo XIX, que se ha expandido por el mundo a través de fusiones y evoluciones. Vale la pena disfrutar esta creación sonora, cuyas principales cualidades residen en la capacidad de improvisación de sus intérpretes y la forma en que se desligan de lo predecible y repetitivo de los ritmos populares, haciendo que el oyente se pierda en sus propias expectativas.

Mañana, jueves 30 de abril, se celebra el Día Internacional del Jazz, una festividad promovida por la UNESCO para fomentar la diversidad cultural, la paz y el diálogo. Que sea esta la ocasión para dejar de lado el conformismo, poner en duda la certeza de lo conocido y aprender a escuchar este arte musical de manera audaz y diferente.

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