Esta semana estuve pensando en una idea que le escuché a Mauricio Cárdenas en una entrevista y que me parece de las pocas propuestas sensatas que he oído en mucho tiempo sobre el tema institucional en Colombia. Pero voy por partes.
Ricardo Valencia duró tres semanas como director del DANE. Lo nombraron, presentó las cifras del mercado laboral de julio, dijo que no encontró anomalías en los datos del último mes del gobierno Petro y lo declararon insubsistente. El gobierno de la Espriella argumentó que divulgó esa información sin auditorías previas.
Y ahí está el problema de fondo que quiero plantear hoy. El DANE no es una entidad cualquiera. Es la institución que le dice al país cuántos desempleados hay, cómo está la pobreza, cuánto creció la economía, cómo se mueve la inflación. Sus cifras son la base sobre la que se toman decisiones de política pública que afectan a millones de colombianos. Cuando esa institución queda sujeta a los humores del gobierno de turno, el problema deja de ser técnico y se convierte en un asunto de credibilidad.
El DANE es una entidad independiente, pero resulta que su director es de libre nombramiento y remoción del presidente de la República. O sea, independiente en el papel y sometida en la práctica. Es una contradicción enorme que ningún gobierno hasta ahora ha querido resolver porque a todos les ha convenido tener el DANE cerca.
Y ahí es donde entra la propuesta de Cárdenas, que me parece brillante en su simplicidad. Si el director del DANE fuera elegido por un período fijo, a partir de una terna propuesta por entidades técnicas independientes como, por ejemplo, el Banco de la República, el cargo dejaría de ser un botín político para convertirse en lo que siempre debió ser: una posición técnica blindada de los vaivenes electorales.
No sería el primer país en hacerlo. Los bancos centrales del mundo funcionan así precisamente porque alguien entendió que hay decisiones que no pueden depender de quien ganó la última elección.

Colombia lleva décadas hablando de independencia institucional y décadas haciendo exactamente lo contrario. El caso del DANE esta semana es un ejemplo más. Ojalá alguien en el Congreso lo esté leyendo.










