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Sábado 19 de septiembre de 2026 - 01:00 AM

La lengua que amó

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Hasta que empieza a brillar, la novela del escritor Andrés Neuman, es un gran homenaje a la vida de María Moliner, a su obra y al poder en sí mismo de las palabras. Madre, esposa, abuela, bibliotecaria, hija y archivera son algunas de las facetas que Neuman logra calcar de su vida real. Lo hace con la misma fascinación de María ante la paradoja de que los hablantes usan con sentido común el vocabulario, pero casi nadie es capaz de definirlo. «Con la lengua hacemos memoria y con la memoria hablamos» es el impulso que lleva a Moliner a terminar, después de una década, el Diccionario de uso del español.

«¿Y si la felicidad consistía justo en lo opuesto, en aceptar que la vida jamás era como se deseaba? ¿No estaban las circunstancias condenadas a lo efímero, igual que los ánimos felices?». Estos son algunos de los interrogantes que plantea el autor al referirse a la vida de María. Una realidad en la que, a pesar de los infortunios (el abandono de su padre, la escasez de dinero y la muerte de su primera hija), empleó la acción cotidiana como el mejor fármaco para dar forma a su entorno, a su escritura y a su familia. Porque, como ella bien decía: lo peor era la melancolía de las energías desaprovechadas.

Neuman la describe con una frase evocadora sobre su generosidad: «estaba llena de dar». Creo que es una observación bellísima para referirse a una mujer que definió el amor como aquel sentimiento experimentado por una persona hacia otra, que se manifiesta en desear su compañía, alegrarse con lo que es bueno para ella y sufrir con lo que es malo. Al elegir a su compañero de vida, con quien estuvo durante más de cincuenta años, consiguió que la ciencia y las letras encontraran un lugar valioso bajo el mismo techo.

Como madre de seis hijos, incluyendo su diccionario, reconoció que la lengua materna era aquella llena de dudas y de cuidados. María hizo de su tiempo otro jardín, como el de las flores que le gustaba regar. Todo esto resultó en una alianza en la que la gramática y la literatura se comportaron como dos grandes amigas que se divertían juntas, y la lectura se convirtió en aquello que le permitió nombrar los conflictos silenciados.

Todo orden es arbitrario porque la realidad está hecha de caos. Por eso, aunque merecía un sillón en la Real Academia Española y este le fue negado, nunca dejará de ser un referente imprescindible de consulta. Como bien afirma Neuman, contempló y escribió cada término hasta hacerlo brillar. Al final, su vida y obra confirman la máxima de Moliner: «Cuidamos, por lo tanto, existimos».

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