Santander necesita que su voz pese tanto como su aporte al país. Durante años hemos tenido diagnósticos, proyectos y razones, pero nos ha faltado convertirlos en una causa compartida. La Alianza por Santander representa esa posibilidad: reunir liderazgos, superar protagonismos y hablarle al Gobierno nacional con una agenda que tenga detrás a la región. Esa unidad debe sostenerse con generosidad y sentido de pertenencia, entendiendo que el progreso del departamento nos compromete a todos y que ninguna diferencia puede estar por encima de las necesidades de nuestra gente.
Sin embargo, hemos permitido que las diferencias políticas, las rivalidades personales y la disputa por aparecer primero debiliten nuestras prioridades. Mientras discutimos quién encabeza la fotografía, las carreteras se deterioran, los proyectos esperan y los ciudadanos pagan el costo. ¿Cuánto desarrollo hemos aplazado por nuestra incapacidad de empujar juntos?
La mesa de infraestructura abre una oportunidad para cambiar esa historia. El puente con el Gobierno nacional, a través del ministro de Vivienda, Jaime Andrés Beltrán, y de los demás santandereanos que hoy tienen responsabilidades nacionales, puede fortalecer la interlocución que nuestra región necesita. Aprovecharla exige que, con el liderazgo del gobernador, alcaldes, congresistas, empresarios y gremios trabajen unidos para presentar proyectos, identificar obstáculos y gestionar respuestas concretas. Esa presencia santandereana debe facilitar la coordinación entre las entidades nacionales y el territorio, alrededor de una agenda compartida que trascienda los intereses individuales. Tenemos el deber de aprovechar esta oportunidad con trabajo, persistencia y unidad, y convertirla en resultados para Santander.
Las obras que reclama Santander tienen alcance nacional: conectar Bucaramanga con Bogotá y Cúcuta, recuperar la navegabilidad del Magdalena, fortalecer el ferrocarril y completar corredores estratégicos mejora la circulación de mercancías, acerca mercados y amplía oportunidades. Cada conexión pendiente encarece la actividad productiva; cada trayecto recuperado puede beneficiar al campesino, al transportador, al empresario y a miles de familias.
Ahora bien, el entusiasmo exige rigor. Según las conclusiones de la reunión, quedaron tareas de gestión y alternativas por estudiar. Una reunión abre puertas, pero el desarrollo necesita atravesarlas con estudios completos, financiación definida, gestión predial y decisiones que puedan ejecutarse. Llegó el momento de seguir en la mesa técnica sin descanso. Cada compromiso debe tener seguimiento, cada entidad un interlocutor y cada proyecto una ruta clara. La continuidad de ese trabajo será decisiva para que lo conversado encuentre respuesta en los despachos y se traduzca en avances verificables para el departamento.
La estrechez fiscal obliga a trabajar con inteligencia. Habrá que estructurar proyectos, evaluar alianzas con el sector privado y gestionar alternativas de financiación. También ordenar la casa: presentar iniciativas maduras, resolver los pendientes territoriales y establecer responsables y plazos. Pedirle al Gobierno que actúe exige demostrar que Santander está preparado para cumplir su parte.

Santander tiene una oportunidad de demostrar que puede convertir su carácter en propósito colectivo. Nuestros representantes en el Gobierno deben ayudar a abrir el camino; la región debe recorrerlo unida. La voz común ya tiene una tarea: conseguir que las prioridades se vuelvan decisiones y las decisiones, obras.











