Hoy quiero hacer una reflexión sobre tres servicios esenciales para nuestra calidad de vida y el desarrollo de la ciudad, conocidos popularmente como la Triple A: Acueducto, Alcantarillado y Aseo.
Estos servicios son indispensables para el bienestar de los ciudadanos y determinantes para el crecimiento ordenado de nuestra área metropolitana. Su prestación exige infraestructura, inversiones permanentes, capacidad técnica y una visión de largo plazo que trascienda los periodos de gobierno. Integrar su operación en una empresa robusta permitiría fortalecer la capacidad financiera, optimizar recursos y reducir costos administrativos. También facilitaría la planificación conjunta de inversiones, el mantenimiento de la infraestructura y la coordinación de intervenciones en el espacio público. Una ciudad que planifica conjuntamente sus redes, sus obras y sus servicios puede crecer de manera más eficiente y sostenible.
Tenemos capacidades para hacerlo. Contamos con empresas que han desarrollado conocimiento técnico, trabajadores especializados y directivos con experiencia. Existe, además, un marco normativo que permite estudiar alternativas de integración empresarial, respetando las competencias institucionales y las condiciones particulares de cada prestador. Sin embargo, hay un elemento que ninguna norma puede garantizar: la voluntad política.

Construir una Triple A requiere tomar decisiones, algunas sencillas y otras complejas, pero especialmente alcanzar acuerdos entre instituciones que históricamente han operado de manera independiente. Y en ese propósito existe un actor fundamental: el alcalde de Bucaramanga.
El alcalde representa al municipio con participación mayoritaria en el Acueducto Metropolitano de Bucaramanga y en la EMAB, y preside la Junta Metropolitana. Esta posición le otorga una responsabilidad especial para tomar decisiones sobre estas empresas y promover acuerdos con los demás alcaldes para fortalecer la prestación de estos servicios en los cuatro municipios que conforman nuestra área metropolitana.
Como he insistido en otras oportunidades, necesitamos entender el agua como un ciclo cerrado. Integrar acueducto y alcantarillado permitiría gestionar de manera articulada su captación, distribución, recolección y tratamiento. Esta visión adquiere especial importancia frente al desafío de ejecutar la PTAR Río de Oro, el proyecto ambiental y social más ambicioso de nuestra región. Si hay una persona con la posibilidad de lograr un acuerdo entre EMPAS y el AMB para integrar estos dos servicios y apoyar el desarrollo de este proyecto, es el alcalde de Bucaramanga.
Complementar esa integración con el servicio de aseo permitiría consolidar una organización con capacidad para movilizar inversiones estratégicas, respaldada por un gobierno corporativo transparente y una administración profesional que responda a las necesidades de los ciudadanos.
Bucaramanga tiene la oportunidad de impulsar una transformación empresarial que contribuya a construir el área metropolitana que queremos para 2050. Tenemos capacidades técnicas, empresas y proyectos. Necesitamos liderazgo para articularlos y convertir esta visión en resultados.
Que esta sea la oportunidad para unirnos alrededor de la A más importante de la Triple A: la A de Alcalde.











