Publicidad

Columnistas
Domingo 01 de noviembre de 2026 - 01:00 AM

“Nos iban a matar a todos”

Compartir

El sábado 7 de octubre de 2006, José Luis Alarcón me llamó y, después de saludar, dijo: “escuche esto Pipelón”; de repente soltó una grabación con la narración de un tipo que yo nunca había escuchado. El reloj marcaba las ocho de la mañana, estaba recién levantado y no tenía idea de qué me hablaba el hijo de don Luis Ernesto y doña Diose. Cuando me preguntó que si me había gustado el relato de un señor que narraba a la velocidad de la luz, metía palabras nuevas y gritaba “ta-tan-ta-tan”, mi respuesta no tardó en ser positiva y, dicho sea de paso, pregunté: “¿quién es esa pinta?”. Alarcón respondió tajantemente: “Jotas Mantilla”. No lo podía creer; le pedí a Jota Ele que me repitiera una y otra vez esa grabación, mientras el control de RCN, Alberto Niño, me pasaba por el teléfono la promoción de la transmisión del grupo que José Luis había conformado en Antena Dos una vez se había separado de Cheché Hernández. El esposo de mi comadre Carmen Elisa Buitrago y padre de Silvia Catalina me dijo lo siguiente: “Alístese que mañana temprano lo recojo y nos vamos para Barrancabermeja a transmitir el partido entre el Huila y el Bucaramanga”.

Esa mañana fría de octubre fui claro con José Luis y agradecí su invitación; le manifesté que no iba porque mi vida y la de él estaban en riesgo, debido a las amenazas de muerte proferidas por parte de quien en ese momento manejaba al Atlético Bucaramanga: Luis Fernando Yepes. Éramos cinco los periodistas amenazados por el dirigente antioqueño; entre los que recuerdo estábamos: José Manuel Cogollo, Edgar Villamizar, Alberto Osorio, José Luis y yo. Pero a mí me llevaban en la mala, como dicen los muchachos; Yepes y sus hijos me detestaban y la sentencia era clara. Hacía un mes y algunos días que mi papá había fallecido y yo estaba destrozado, no quería saber del mundo. La insistencia de José Luis y la intermediación de mi señora me convencieron; al otro día, muy a las siete de la mañana, José Luis llegó en su Mazda 3 con Jotas Mantilla y con Mario Ladino; me pasaron a buscar a mi apartamento del barrio Los Pinos. ‘La Mostaza’ Mantilla me iba a ceder el puesto de adelante y le agradecí; preferí no ser carne de cañón y me fui detrás de él. Por el camino, José Luis nos anunció que recogeríamos a Zé María Yepes, un comentarista de fútbol y ciclismo con reconocida trayectoria, quien se pegó el viaje desde Neiva para acompañar al Atlético Huila.

Recordemos que al Atlético Bucaramanga le tocó irse a jugar al Daniel Villa Zapata, estadio del puerto petrolero, porque al Alfonso López le iban a poner una superficie sintética, algo a lo que me opuse y eso nunca le gustó a la administración departamental encabezada por Hugo Aguilar. Recogimos a Zé María en la estación de servicio Dagota, en el cruce de La Lizama, y llegamos a Barrancabermeja antes del mediodía para almorzar una suculenta cazuela donde Genny. A la una de la tarde estábamos en el estadio instalando equipos para poder transmitir el juego que terminó ganando el onceno leopardo dirigido por ‘El Arriero’ Hernán Darío Herrera, con gol de Jhon Valencia. Llamé a Jotas hace dos días y se acordó de la nómina encabezada por Daniel Vélez, Cristian Fajardo, ‘Michi’ Sarmiento, Iván Garrido, Sherman Cárdenas, Edward Jiménez, Juan Manuel Zandoná, ‘Potro’ Rivas y Emerson Chamorro, entre otros. Terminó el partido y bajamos por las gradas de la tribuna para salir al parqueadero; ahí estaban los directivos encabezados por Reynaldo Amaya, Juan Fajardo y Gabriel Carrillo. Junto con ellos, Gerardo Vesga y Nicolás Tarazona, quienes patrocinaban al equipo con su marca Freskaleche. Cerca de este grupo estaba Luis Fernando Yepes y sus escoltas. El tipo apenas nos vio, dijo lo siguiente: “hijueputicas, los voy a matar”. Yo le sostenía la mirada, sin siquiera saludar a los presentes. José Luis prendió el carro y yo le dije que no se detuviera porque, como dijo Jotas: “nos iban a matar a todos, a mí era al primero que pelaban”. Cada vez que recordamos ese episodio, nos echamos bendiciones. Gracias a Dios estamos vivos 20 años después, ¡ta-tan-ta-tan!

Publicidad

Publicidad

Tendencias

Publicidad

Publicidad

Noticias del día