Publicado por: Alexander Arciniegas
Ecuador, nuestro vecino y el que era hasta hace una década, uno de los países más seguros de la región, vive hoy una dramática crisis de seguridad
Al menos desde 2020 este país, se ha convertido en un caso más de penetración del crimen organizado en el Estado, pero también en la sociedad y la política. De modo similar a lo que ocurre en Colombia o en México, los narcos financian campañas políticas; controlan las cárceles, amenazan periodista, sobornan e intimidan policías y militares; lo mismo que a jueces, fiscales o funcionarios de aduanas; al tiempo que imponen su ley en las barriadas pobres.
Todo esto desató una ola de violencia que golpea las calles de las principales ciudades portuarias, empezando por Guayaquil, lo mismo que las prisiones. Es el caso de la penitenciaria guayaquileña del Litoral en donde 31 presos murieron recientemente, en una disputa entre bandas de narcos.
Este estallido de violencia que también asesinó al popular alcalde de Manta, Agustín Intriago y al candidato presidencial Fernando Villavicencio, parece responder a un cambio en el lugar del Ecuador en la geopolítica del crimen organizado. En los últimos años, Ecuador dejó de ser un lugar de tránsito para transformarse en un importante centro de acopio, procesamiento y distribución de la cocaína que viene desde Colombia y Perú, los mayores productores mundiales.
De allí que este país pequeño y con buenas vías de conectividad, haya sido convertido en plataforma de distribución por poderosas organizaciones criminales como el colombiano Clan del Golfo; los carteles de Sinaloa, y de Jalisco Mueva Generación; la mafia albanesa y Comando Vermelho de Brasil. Estos grupos operen a sus anchas allí, en asocio con 22 organizaciones criminales locales, para sacar a través de los puertos de Esmeraldas, Manta, Bolívar y Guayaquil, unas 800 toneladas anuales con destino a los mercados de Estados Unidos, Europa y Asia,
La magnitud del poder criminar que amenaza la estabilidad del país andino contrasta con la debilidad del Estado y en unas elecciones presidenciales anticipadas como consecuencia de una investigación que salpicó al presidente Lasso en un entramado de corrupción y narcotráfico, ninguno de los candidatos parece tener una estrategia clara para enfrentar el problema. La colombianización del Ecuador, es una muestra más del fracaso de la guerra contra las drogas y obliga a pensar desde los países productores y consumidores en otras alternativas para encarar este problema global.
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