Publicado por: Juan Carlos Echeverry
Es posible que en el planeta y en Colombia, de maneras distintas, estemos dejando atrás el mejor medio siglo de la historia. Quién lo creyera. En el mundo regresaron las pandemias y las guerras frías y calientes, la inflación generalizada, y pronto lo harán las hambrunas y las crisis de deuda. La debilidad de los líderes hace pensar que los próximos 50 años no serán mejores.
Estarán marcados por la alineación entre el capitalismo-comunista en ascenso, en China y Rusia, cada vez más eficaz en atraer gobiernos del “sur mundial”, versus el capitalismo-liberal occidental cada vez más dubitativo, encerrado en guerras de identidad entre sus partidos y sectas sociales, menos convencido de la libertad y socavado por la ofuscación informativa.
Terminaron los 50 años de ascenso chino y el entendimiento pacífico chino-americano. China es el rival declarado de EE. UU. y Rusia quiere recuperar sus aspiraciones de gran potencia. Ambas cosas son ahora confrontadas abiertamente por los americanos. Los europeos, como dijo alguien sobre los británicos, “perdieron un imperio, y no encuentran aún un rol”. Comparten fines geopolíticos con los americanos, pero dependen de los rusos para los granos y la energía.
Al contrario, los rusos medran en las crisis, pues encarecen lo que ellos venden. Actúan como los virus en un cuerpo sano: lo merman constantemente con desinformación, y ante una bajada en defensas, lo atacan y lo pueden mandar a la cama. O llegar a destruirlo, si se deja. Así están actuando no solo contra EE. UU. sino contra todos los gobiernos liberales-conservadores de occidente.
Por nuestra parte, en Colombia estamos finalizando el siglo de la urbanización, del dividendo demográfico y las bonanzas minera, petrolera y cocalera. Ascienden fuerzas definidas por la identidad, para las cuales lo crucial es la posición personal frente la raza, el cambio climático, el matrimonio gay y el aborto; así como anti-capitalistas, irrespetuosas de los derechos de propiedad y descreídas de las mejoras graduales.
Es posible que el alineamiento de Colombia pase de los EE. UU. hacia Rusia y China, suave pero sólidamente. El origen del rompimiento sería la paz con los narco-guerrilleros-paras-colombo-mexico-venezolanos que dominan nuestras zonas fronterizas.
El gobierno demócrata de EE. UU. será comprensivo con Colombia en lo militar, la justicia y lo económico, hasta que la legitimación del narcotráfico, implícita en los acuerdos de paz de 2016, se protocolice definitivamente en los acuerdos de paz de 2024-25.
De ahí en adelante se agriará la relación con EE. UU. y se endulzará con los chinos y rusos, para quienes estos problemas domésticos de Colombia con el narcotráfico no representan la menor preocupación.
En el mar Caribe completará la transición desde ser el Mare Nostrum del imperio americano, a ser el Mare Socialistum, con Cuba, Nicaragua, Venezuela y en el futuro Colombia, orientados hacia la esfera asiática. El punto neurálgico será por supuesto Panamá, el sitio más importante de América Latina, y el único que los EE. UU. no pueden perder.
Como diría Melba Escobar, los últimos 50 años fue “Cuando éramos felices, pero no sabíamos.”










