Columna de opinión de Óscar Mauricio Rey

En la década de los 80, el 40% de la población mundial vivía en extrema pobreza; en Colombia, esta cifra superaba el 60%. Hoy, solo el 8% de la población mundial y el 13% de los colombianos se encuentran en esta condición. Aunque esto no sea motivo suficiente para celebrar, estos datos sugieren una mejora significativa en las condiciones de vida. Ante datos como estos que muestran que no estamos peor que antes, vivimos en el país con un descontento generalizado que no cede y que nos polariza cada vez más. Me pregunto entonces: ¿Salir de la pobreza cambia nuestro comportamiento?
El profesor Ron Inglehart de la Universidad de Michigan creó, en la década de los 80, la Encuesta Mundial de Valores (WVS, por sus siglas en inglés) para evaluar la teoría de que conforme las personas superan la pobreza, sus maneras de pensar cambian.
Según esta teoría, la educación cobra más importancia mientras que la influencia de la religión y los gobernantes autoritarios disminuye. La teoría buscaba probar que nuestras actuaciones dependen de la percepción de seguridad que tengamos: en entornos de incertidumbre, la religión y la familia son los pilares más fuertes, mientras que cuando se tiene más seguridad, especialmente económica, las personas tienden a ser más individualistas, menos religiosas y más orientadas hacia el pensamiento científico.

La última actualización de la encuesta se realizó en 2022, abarcando más de 90 países, en donde se revelaron resultados inesperados y cambios en las tendencias previstas.
Contrario a las predicciones anteriores, la última versión del estudio ha mostrado que no solo esta convergencia no ha ocurrido, sino que se ha observado una divergencia notable.
Mientras que en Europa se ha visto una convergencia de valores entre sus países, en otras regiones como América Latina y los países islámicos los valores han divergido significativamente. Los países con valores tradicionales fuertes tienden a mostrar tendencias más autocráticas, mientras que aquellos con valores más neutros, no religiosos y de autoexpresión, se inclinan hacia políticas más democráticas y liberales. No es coincidencia que tengamos ahora gobiernos populistas y autoritarios en donde la democracia se ha debilitado.

Concluyo tristemente que, aunque estamos mucho mejor que antes, no evolucionamos hacia el pensamiento racional, secular si se quiere, y nos gusta el modelo autocrático, populista, sin respeto por las instituciones que no piensan como su líder.
Bienvenido quien quiera adoptar esta explicación académica a nuestra situación de hoy.










