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Rafael Gutierrez Solano
Jueves 03 de agosto de 2023 - 12:00 AM

Nueva Santandereanidad

Publicado por: Rafael Gutiérrez Solano

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Desde el 16 de marzo de 1781 cuando se gesta el Movimiento Comunero, originario de las Capitulaciones Comuneras con sus postulados de libertad, igualdad y fraternidad, los cronistas han dado fe del surgimiento de una pléyade de paisanos ilustres que han merecido un sitial en la historia regional y nacional. Todos estos proceres nos dieron los mejores ejemplos, nos enseñaron a ser laboriosos y constructivos, batalladores y tenaces, privilegiados por un carácter recio y sincero, defensores de los intereses colectivos, un patrimonio que debería servir para enfrentar el futuro. Pero, ¿ese legado permanece en la actualidad y hacemos honor al mismo? Salvo contadas excepciones, se ha dilapidado y desvanecido en manos de dirigentes corruptos.

Con el pasar de los años, la aparición de nuevas generaciones y su permisibilidad para tolerar otras costumbres, tener como referente a individuos que han arribado a esta tierra a imponer sus nefastos estilos, las características señaladas se han desdibujado. Ya no existen convicciones firmes, las personas no tienen principios acendrados, rectos y pulcros. Esta región ha sido permeada por una avalancha de comportamientos deleznables y corruptos que han ultrajado las enseñanzas e ideas de nuestros antepasados. El carácter de los ciudadanos desapareció. La pasión, la irreflexión y la cobardía son los actuales consejeros. La confianza se perdió y la duda asumió un papel preponderante.

Quienes ostentan los destinos locales nos manejan con mentiras, no nos dicen la verdad, el engaño es el mecanismo ideal para sostenerse en el poder, además de los escándalos conocidos por la opinión pública como lo acaba de denunciar este diario el domingo 30 de julio del presente año. Son múltiples los desaciertos y descalabros en los ámbitos de la función pública regionales que producen vergüenza y que deben estar ya en manos de las autoridades competentes. Los malos manejos que se han dado en las administraciones locales y departamentales son una constante que se ha repetido por varias décadas en el departamento de Santander. ¿Será que estamos destinados a vivir una nueva santandereanidad por culpa de pillos que poco les importa la suerte del departamento?

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