Columna de opinión de Gissela Arias González
Que el Atlético Bucaramanga fuera a una Copa Libertadores era algo tan irreal para los bumangueses que hasta se convirtió en un chiste. Ese chiste que hizo famoso el humorista José Ordóñez fue viral toda la semana pasada cuando la posibilidad de ganar la Liga Betplay apenas se vislumbraba. ¡Felicitaciones a todo el equipo, al técnico, al cuerpo directivo y a todos los santandereanos que esperamos pacientemente setenta y cinco años para ver esto!
Hubo algo en todo lo anterior que me llamó la atención: en la final del torneo, la mayoría de los colombianos apoyaba al Bucaramanga y no al Santa Fe, un equipo ganador de muchos torneos, de los grandes del fútbol nacional.
Para algunos podría ser exagerado llevar el debate a este ámbito, pero creo que lo que el país apoyaba en ese partido era a las regiones, un respaldo a las capacidades territoriales por encima de las centrales, que históricamente han sido vistas como las más avanzadas.
El país quería que ganara el equipo “pequeño” y “novato” porque lo había hecho bien y lo tenía merecido, no solo por los años de espera, sino por el evidente trabajo técnico y táctico que el equipo mostró en la temporada. En otras palabras, demostraron que eran capaces.
¿Qué tal si ese mismo apoyo y respaldo el país se lo diera a las regiones en todos los aspectos? ¿Qué tal si las regiones fueran vistas con todas sus capacidades, idiosincrasia y cultura para potenciar desde allí el desarrollo nacional?
Las regiones de Colombia son pilares fundamentales de la economía nacional, con una diversidad de contribuciones que reflejan su riqueza y potencial. De acuerdo con el Dane, Bogotá D.C. aporta el 25 % del PIB del país, siendo sin lugar a dudas el motor económico principal. Sin embargo, no debemos subestimar el valor de otras regiones. El resto de ese potencial económico está allá, en esas zonas.
Según el boletín del PIB Departamental 2023 del Dane, Antioquia contribuye con el 13 %, mientras que Valle del Cauca representa el 9 %. Santander y Atlántico aportan cada uno el 7 % y Cundinamarca añade un 6 %. Estos cinco departamentos concentran el 35 % del PIB nacional. En este contexto, es crucial recordar la importancia de un desarrollo equilibrado que reconozca y potencie las capacidades de todas las regiones, evitando así el centralismo y promoviendo un crecimiento inclusivo y sostenible para todo el país.
Dejar de mirar a las regiones con desdén, indiferencia y desconocimiento de sus capacidades es uno de los primeros pasos.
En la Copa Libertadores, el Bucaramanga no será solo de los bumangueses, será el equipo colombiano representando a toda una nación. Eso pasa cuando ganan las regiones: gana la nación.











