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Miércoles 29 de octubre de 2025 - 01:00 AM

Trump y Petro dos extremos que nos hacen daño

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La reciente confrontación entre Donald Trump y Gustavo Petro evidencia hasta qué punto la diplomacia contemporánea puede quedar atrapada en los impulsos personales y el cálculo político interno. Lo que comenzó como un cruce de declaraciones terminó escalando hasta convertirse en un conflicto diplomático con consecuencias reales: el llamado a consultas del embajador colombiano en Washington, la amenaza de sanciones comerciales y un clima de desconfianza entre dos países históricamente aliados.

Trump, fiel a su estilo, convirtió la política exterior en un espectáculo. Llamó a Petro “líder del narcotráfico ilegal” y anunció el fin de la ayuda estadounidense a Colombia, en un tono más propio de un mitin electoral que de una declaración presidencial. Sus ataques responden tanto a la necesidad de reafirmar su imagen de dureza como a su estrategia de culpar a actores externos de los problemas internos de Estados Unidos. En este contexto, la lucha contra las drogas deja de ser una política coherente para convertirse en un instrumento retórico de poder.

Del otro lado, Petro tampoco ha actuado con prudencia. Su respuesta airada —amenazando con demandar a Trump por calumnias y acusando a Estados Unidos de violar la soberanía colombiana— puede satisfacer a su base política, pero agrava el aislamiento de su gobierno. La narrativa de victimización frente al “imperio” le sirve para reforzar su discurso antiintervencionista, aunque sin ofrecer soluciones efectivas a los problemas que Trump utiliza como pretexto: el aumento de la producción de coca y la crisis de seguridad interna. Todo esto ocurre, además, en la antesala de las elecciones de 2026, donde Petro busca mantener su nefasta política.

Las sanciones de Estados Unidos tomaron un rumbo aún más grave al confirmarse la inclusión del presidente colombiano, varios miembros de su familia en la Lista Clinton. La medida, adoptada por la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC), implica el congelamiento inmediato de sus cuentas y activos bajo jurisdicción estadounidense, así como la prohibición para que empresas norteamericanas o internacionales realicen transacciones con los sancionados. En Washington se habla de que “otros nombres están en remojo”, lo que podría ampliarse en los próximos días. Para fortuna nuestra la sanciones fueron personales y la vida de nuestro país no ha sufrido descalabros.

Porque el costo puede ser alto, el riesgo de perder apoyo económico y militar, además del impacto reputacional que conlleva tener a su propio mandatario en una lista de sanciones financieras internacionales. De otra parte para los Estados Unidos, el debilitamiento de una alianza estratégica en América Latina lo perjudica. En tiempos en que la diplomacia exige prudencia y diálogo, Trump y Petro parecen más interesados en ganar titulares que en resolver problemas. En su colisión de egos, los intereses de ambos países quedan en segundo plano.

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