Los candidatos y candidatas deberían estar hablando de la creación de programas para enseñarles a los colombianos oficios como la forja, la carpintería, la orfebrería y recuperar así los oficios perdidos. Deberían hablar de hacer universidades rurales y no tanta universidad citadina y de “doctores”, de recuperar el campo y de proteger nuestros bosques.

Los candidatos y candidatas a la Presidencia deberían estar hablando de migración, de traer mano de obra calificada extranjera para acelerar nuestra industria, de volvernos una sociedad funcional como Japón. Los candidatos y candidatas deberían estar hablando de la creación de programas para enseñarles a los colombianos oficios como la forja, la carpintería, la orfebrería y recuperar así los oficios perdidos. Deberían hablar de hacer universidades rurales y no tanta universidad citadina y de “doctores”, de recuperar el campo y de proteger nuestros bosques.
Esas universidades deberían enseñar botánica (darle ese valor, no conocemos en pleno siglo XXI las hierbas que pisamos o las plantas que miramos), astronomía, idiomas como lo sabían los judíos alemanes que llegaron a Santander y a Colombia, como lo Leo S. Kopp, fundador con su hermano de Bavaria, que hablaba alemán, inglés, español, francés, hebreo y griego.
Tristemente, según los datos de migración, Colombia nunca ha sido un país con políticas favorables para los inmigrantes. La migración europea a Colombia durante el siglo XIX, por ejemplo, fue bastante limitada en comparación con otros países de América, como Argentina, Brasil, y Estados Unidos. Aunque no hay cifras precisas sobre el total de migrantes que llegaron a Colombia durante este siglo, se estima que fueron unos 10.000 a 20.000 inmigrantes en total. Por el contrario, en Argentina entraron más de 5 millones de italianos, españoles, polacos, rusos (hasta princesas), que llegaron a la Pampa a rehacer la vida, solos o con familia.

Muchos alemanes de Santander, sobre todo después de la “Culebra Pico de Oro”, salieron para Bogotá y Barranquilla o regresaron a su patria. Los británicos también regresaban. “La realidad es que muchos mantuvieron la condición de refugiados que luchaban por su supervivencia e integración sociocultural”.
El próximo Presidente (será más fácil que nunca serlo), debe tener claro una política migratoria para elevar el nivel de vida de todos los colombianos. Educar en el cambio, no en la mediocridad acrítica y repetitiva. Universidad rural y mucha filosofía para elevar nuestro pensamiento y educar generaciones en la honradez.
* Nota: Iba a ir a Emaús, que “lucha contra todas las formas de violencia y por lo tanto, su papel consiste en denunciar todos los actos intolerables, sean quienes sean sus autores”, decía la organización francesa (Vanguardia 6 de septiembre). Sin embargo, el abate Pierre (fallecido en 2007) ahora es acusado de ejercer actos de violencia sexual hasta con menores (lo creíamos santo). Ya no asisto.











