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Felipe Zarruk
Domingo 15 de septiembre de 2024 - 01:02 AM

“Yo estudié con Rafael Orozco”

Jorge jugaba fútbol junto a sus ocho hermanos y era figura en el Colegio del Sagrado Corazón de Jesús y luego en el Colegio Nacional Loperena de su natal Valledupar, hasta que decidió que si quería ser futbolista profesional se tenía que ir para Barranquilla.

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En la década del 60 caminando por las calles de Valledupar, concretamente las del barrio Sicarare, un pelao se quedó mirando a Jorge Ariza Rodríguez y le dijo: “oye Jorge tienes las orejas como unas chequitas”. De repente se regó el cuento en el barrio que mencionan en los discos del Binomio de Oro, que a Jorge le decían ‘checa’ y a él le gustó el apodo. Debo apuntar que checa en el diccionario costeño significa tapa de gaseosa o cerveza.

Jorge jugaba fútbol junto a sus ocho hermanos y era figura en el Colegio del Sagrado Corazón de Jesús y luego en el Colegio Nacional Loperena de su natal Valledupar, hasta que decidió que si quería ser futbolista profesional se tenía que ir para Barranquilla.

“Yo estudiaba con Rafael Orozco y jugábamos fútbol con ese man, es más nos fuimos al mismo tiempo a estudiar a Barranquilla, pero él arrancó para otro colegio y yo me fui para la CUC”.

El hijo de don Casimiro y doña Catalina se marchó para ‘La Arenosa’ gracias a los consejos de Toño Rada quien era el técnico de él y del ‘vallenato’ Rafael Agudelo en la selección departamental del Cesar. El cañonero de Isabel López le dijo a Jorge: “Cuando llegues a Barranquilla vete para el Junior y dile a Marcos Coll y a Othon da Cunha que vas de parte mía”.

Así fue, ‘checa’ Ariza hizo lo que Toño le dijo, pero había un problema, en esa época estaban saliendo muy buenos jugadores en el departamento del Atlántico como Fernando Fiorillo, Bonifacio Martínez y en la titularidad del onceno tiburón no había quien sentara a Edgar Angulo, mucho menos a Víctor Ephanor.

Jorge Lastra quien había jugado con el Atlético Bucaramanga y vivía en Barranquilla vio al delantero cesarense y se lo recomendó al timonel uruguayo Víctor Pignanelli. Al viejo ‘Pigna’ le gustó la velocidad y el juego de ‘La checa’, arreglaron el tema del traspaso al onceno leopardo y Jorge se vino a jugar al lado de sus paisanos Eusebio Vera Lima y Rafael de Jesús Agudelo. Debutó con gol ante Santa Fe en 1977 y le hizo su primer gol como profesional a James Mina Camacho en la portería norte.

Jorge podía jugar en las tres posiciones del ataque, “pero era casi imposible sentar al ‘Mencho’ Balbuena, a Gillio, a Vilarete, al ‘pastuso’ Rangel, al ‘diablito’ Morales, entonces ese año casi no jugué”. Pignanelli se había ido al América y a Pegnotti no le llamaba la atención el juego del hábil delantero vallenato.

Después de tres buenas temporadas, en 1981 timbra el teléfono de su casa y lo llama el doctor Gabriel Ochoa Uribe. “Quiero tenerlo en el América, ahí le paso a doña Beatríz Uribe de Borrero, cuadre con ella y se viene para Cali”. A Reinaldo Rueda no le gustó mucho el tema, pero lo dejaron ir; cuando ya había cuadrado todo con doña Beatriz y con Miguel Rodríguez, Jorge pide un permiso para venir a Bucaramanga por toda su ropa y sus cosas; se encuentra con Montanini y con Janiot quienes lo convencen para que juegue el partido que tenía el Bucaramanga ante Junior en Barranquilla, ya que no tenían delanteros porque aún no aparecían los argentinos Paruzzo y Saturno.

Jorge juega y eso desató la furia de Ochoa y Rodríguez Orejuela quienes le decían que había faltado a su palabra. ‘La checa’ se arrepintió toda su vida; fue al Quindío en 1982 y se retiró del balompié para dedicarse a sus negocios particulares. Tuvo dos hijas y cada vez que hablo con él, recuerda con cariño a mi madre, ya que tanto Jorge como su hermano Jaime, se divertían con ella. Fuerte abrazo querida ‘Checa’, te quiero mucho.

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