Para los adultos mayores, el año pasa volando; en cambio, para los niños el tiempo es muy largo. Ven a la distancia que la época de los regalos del Niño Dios —para los de habla hispana— está a muchos, pero muchos días para volver. Sin duda, estos son los mejores días de vivir en familia: quienes se han ausentado, no importa la distancia, procuran estar presentes en esas fechas tan hermosas. Sí, la familia es lo más importante para los mortales, porque aún viven los recuerdos de quienes se fueron.
Siempre se fortalece la esperanza de que vengan épocas mejores. Por eso los colombianos vemos en ella la posibilidad de que nuestro país tome otro rumbo. No solo este año, sino los pasados, han tenido que soportar una administración como la de Petro, que nos ha llevado hasta el barranco y no duda en forzar ese camino. Despilfarró recursos que debían cumplir una función social, acabó con la salud, desmembró las fuerzas públicas del orden, fortaleció los grupos de delincuencia organizada, incrementó el desplazamiento de los campesinos hacia las ciudades y cerró los ojos ante el crecimiento del narcotráfico. Y, con carita de “yo no fui”, va decretando propósitos demagógicos que no dejan de tener un sabor electorero para el año que está por empezar, año en el que se definirá el porvenir de nuestra amada nación.
Como familia, tenemos que salir a defenderla en las elecciones que marcarán el futuro: ¿vamos al precipicio como borregos anestesiados e irresponsables, o animados por la esperanza de cambiar el rumbo, con la convicción de que el camino no será fácil?
No podemos seguir siendo solo espectadores de la realidad que vivimos. Los bandidos bloquean el libre tránsito por nuestras carreteras, queman buses y camiones, vuelan las casetas de peaje en la vía a Barrancabermeja y atacan los vehículos de transporte de los guardianes de la ley. Tanto, que al gobierno le dio vergüenza y terminó quitándole los amarres a las fuerzas del orden.
Tenemos que seguir siendo solidarios con las familias de estos héroes de la patria, que hicieron honor a su juramento de defender la vida, la honra y los bienes de los ciudadanos.
Sí, ha sido un año duro de vivir, pero no podemos perder la esperanza de que el 2026 sea el renacer de la esperanza. Incluso desde los púlpitos de los creyentes se nos recuerda la esperanza del renacer de la existencia de esta sufrida patria que nos vio nacer. Y, como los niños, disfrutemos, como dice la canción: Año nuevo, vida nueva.
Y como decían mis abuelos: la esperanza es lo último que se pierde. Vamos a luchar por lo que es nuestro, y quienes se reúnen con bandidos —como muestran las fotos— no nos la pueden quitar.











