¿Qué papel sustancial cumplen las Contralorías, excepción hecha de la General de la República? ¿Cuánto cuesta a los erarios de cada departamento y de cada municipio el funcionamiento de las contralorías seccionales? ¿Vale la pena que estos entes sigan existiendo?
Publicado por: REDACCIÓN EDITORIAL
No hay más que dirigir una mirada al almanaque para percatarse que pronto en todos los departamentos y en los principales municipios del país habrá elección de los contralores departamentales y municipales, como consecuencia del vencimiento del período de quienes están ejerciendo tales cargos. La ocasión sirve para formularse nuevamente una pregunta que desde hace tiempo ronda en los más diversos escenarios de la nación: ¿Qué papel sustancial cumplen las Contralorías, excepción hecha de la General de la República? ¿Cuánto cuesta a los erarios de cada departamento y de cada municipio el funcionamiento de las contralorías seccionales? ¿Vale la pena que estos entes sigan existiendo?
La respuesta sería afirmativa, sin titubeo alguno, si tales organismos de control no se hubieran hundido desde tiempo atrás en una pestilente charca de politiquería, contumelias y corrupción.
Desafortunadamente no es necesario fijar la mirada en forma ancha y profunda para concluir que el papel sustancial de las Contralorías seccionales es hoy formar parte de la rebatiña por la torta burocrática que se da entre los grupos políticos que se forman en torno a los congresistas y a los políticos regionales y que desgraciadamente han dejado a un lado su tarea de control y vigilancia para que reine el "tapen, tapen".
Es increíble que en un país asfixiado por la corrupción, las Contralorías departamentales, que fueron importantes hace 70 años, estén ahogadas por la ineficacia. Ello es consecuencia de los giros de la política y del papel protagónico que han cobrado las microempresas electorales locales, hecho que les convirtió en un apéndice del engranaje burocrático.
Cada vez que alguien, con fundamento y capacidad de convocatoria, propone su eliminación, o una draconiana reforma de ellas, surgen aquellos habilidosos que le atraviesan palos a la rueda para lograr que siga campeando esa epidemia de peste bubónica en que se ha convertido la corrupción.
¿Qué papel destacado en la lucha contra las mil y más expresiones de corrupción que hay actualmente han jugado las Contralorías regionales y locales? Ninguno.
¿Acaso en las numerosas investigaciones disciplinarias contra funcionarios departamentales y municipales que ha adelantado la Procuraduría General de la Nación no aflora la pregunta de por qué las Contralorías seccionales no hacen nada si es palpable que hay tanta corrupción? ¿Por qué la Procuraduría si sanciona y las Contralorías seccionales callan en forma que deja mucho que desear?
Desafortunadamente nada se modificará al respecto en el futuro inmediato en las Contralorías departamentales y municipales. Caras nuevas habrá en tales cargos pero en dichos organismos seguirá brillando la inacción y proseguirán como apéndices del andamiaje politiquero de cada región.










