Deben implementarse campañas pedagógicas y sanciones efectivas contra el parqueo indebido, el consumo de sustancias en espacios públicos y otros comportamientos claramente delincuenciales y violentos. Los habitantes de Cabecera merecen respeto y tranquilidad.
Publicado por: Editorial
A pesar de que siempre ha sido Cabecera uno de los sectores emblemáticos de Bucaramanga, atraviesa desde hace demasiados años una crisis en su espacio público que parece no tener fin. Los vecinos, ya agotados de alzar su voz sin ser escuchados, enfrentan una problemática que afecta profundamente su calidad de vida, pues el ruido ensordecedor, las riñas callejeras, el microtráfico, el parqueo indebido, las ventas informales y los actos obscenos en las calles, se han convertido en el menú de irrespeto permanente que tienen que soportar los residentes.
Y a pesar de que los vecinos del sector se han expresado de todas las formas posibles, el pasado fin de semana el llamado de auxilio volvió a escucharse, pues la zona del ‘Pasaje de Los Hippies’, a la altura de la carrera 35A con calle 48, se convirtió nuevamente en escenario de alteraciones del orden público hasta altas horas de la noche, sin que las autoridades se hubieran hecho presentes de manera oportuna para hacer que la tranquilidad regresara para cientos de familias que viven en las cercanías de este lugar.
Los controles, según denuncian los vecinos, han desaparecido, permitiendo que el caos se normalice.
Y la situación se agrava con la llegada de la temporada de fin de año, en la que todas estas conductas indeseables se multiplican en número y se amplían en cubrimiento de más y más calles y parques del sector aledaño a los negocios nocturnos, todo lo cual agrede a los residentes y pone en riesgo su seguridad.
Los voceros de los habitantes de Cabecera se sienten no solo desesperados, sino desamparados porque la experiencia sigue mostrándoles que, sin importar sus razones y, sobre todo, sus derechos, la situación nunca mejora, la atención que les prestan las autoridades es mínima y la impotencia que siente es máxima, cuando comprueban que tienen que seguir viviendo en medio de un desorden que no parece conmover tampoco a la presente administración municipal.
Se necesita, con urgencia, una estrategia integral que contemple el aumento de la presencia policial, controles estrictos sobre el uso del espacio público, regulación del ruido y medidas para reubicar actividades de alto impacto en zonas menos conflictivas.
Deben implementarse campañas pedagógicas y sanciones efectivas contra el parqueo indebido, el consumo de sustancias en espacios públicos y otros comportamientos claramente delincuenciales y violentos.
Los habitantes de Cabecera merecen respeto y tranquilidad. Ignorar este problema deteriora la calidad de vida de los residentes y deja un mensaje inaceptable de abandono, al que la comunidad exige acciones concretas, y no quedarse esperando a que llegue y pase la temporada de fin de año sin que se tomen las medidas necesarias para que se pueda tener una vida digna y tranquila en Cabecera.
Y ya no es un tema de fin de año, es un recurrente todos los fines de semana, uno tras otro, con escenas obscenas, tráfico de alucinógenos, prostitución, inseguridad...













