Publicado por: Editorial
En Bucaramanga, en el sector conocido como Miramanga, se ubican más de 200 familias que residen sobre un terreno afectado por reptación, un movimiento lento del suelo que avanza un centímetro anual y compromete la estabilidad de sus viviendas, un fenómeno que tuvo incidencia en 2022, cuando las lluvias de La Niña causaron el colapso de 14 viviendas, la declaratoria de calamidad pública y el desalojo de 60 familias.
Cuatro años después, la comunidad sigue sin una solución definitiva, por lo que muchos reconstruyeron sus casas tras agotarse los subsidios de arriendo, pero volvieron a hacerlo sobre un terreno que no ha dejado de moverse. Es la historia de siempre: las familias, particularmente población vulnerable, no tienen alternativa segura y, por lo tanto, permanecen en un lugar sin garantías mínimas para su integridad física.
El proyecto de estabilización supera los 80 mil millones de pesos, un monto que la Alcaldía asegura que no puede asumir, entre otras cosas, porque las solicitudes al departamento y a la Nación fueron rechazadas, en un sistema tan insólito como que el procedimiento exige elevar la petición a las entidades superiores, pero estas no están obligadas a responder con recursos, lo que, por supuesto, deja el proyecto al capricho de algunos funcionarios y a la comunidad a merced de la naturaleza.
La situación actual indica que, si los recursos no se gestionan antes de 2028, habrá que reiniciar el proceso, pero cada año de demora implica que el suelo continúa desplazándose y que la amenaza crece, sin contar con que cada arranque del proyecto implica mayores costos. Por otra parte, sin las obras de contención, el asentamiento no puede legalizarse, lo que impide la instalación de alcantarillado e independización de las redes de acueducto, además de que, al no haber terreno firme, no se ofrecen servicios públicos formalizados ni certeza jurídica sobre la propiedad.
La comunidad está compuesta por más de 600 familias, equivalentes a unos dos mil 400 habitantes, entre ellos, niños, ancianos, mujeres embarazadas, personas desplazadas por la violencia y migrantes venezolanos, toda una combinación de vulnerabilidad social y geológica que puede derivar en una crisis humanitaria y en desplazamientos internos forzados dentro del área metropolitana, cuando no en una tragedia mayúscula. La falta de servicios formales deteriora sustancialmente su calidad de vida, pero el riesgo físico podría causar un deslizamiento que dejaría a cientos sin hogar.
La reptación es un fenómeno geotécnico que no se manifiesta con derrumbes súbitos, sino con un desplazamiento constante de la masa de suelo, en un movimiento que agrieta las paredes, fractura las losas y desnivela los cimientos, pero, si a este se añaden lluvias torrenciales, el terreno se satura y la velocidad del deslizamiento aumenta, lo que muestra que el riesgo en que viven esas personas no es poca cosa.










