Publicado por: Editorial
El programa Bucaramanga Metropolitana Cómo Vamos, con la participación de la Unab y la Udes, adelantaron un estudio sobre los concejos de los cuatro municipios del área metropolitana que llegó a una conclusión que cada año es más esperada y más lamentable sobre el pésimo grado de cumplimiento de sus deberes y también estableció cómo los ve el ciudadano, y vemos que cada vez califica con peores notas a los cabildos, como corporaciones, y a los concejales, que se comprometieron a representar los intereses de sus electores.
Pero, como la ciudadanía lo percibe, en el seno de estos concejos lo que más se ve y se oye, no es la exposición juiciosa y pertinente de sus miembros en el tratamiento de un tema, en la conducción de un debate o en el trámite de un proyecto de Acuerdo, sino lo que termina caracterizando sus intervenciones es el uso atropellado y frecuentemente malintencionado del lenguaje, pero también de los estatutos y de las leyes para buscar resultados que no siempre son los que la comunidad necesita y espera. La independencia que debería ser pieza clave del quehacer de estos servidores públicos, pocas veces se da y lo que suele primar son sus propios compromisos políticos y su conveniencia burocrática.
El espíritu con el que la ley creó los concejos fue el de que se constituyeran en instancia para, primero que todo, representar a los ciudadanos y llevar la participación de estos a esa Corporación, y además para ejercer funciones normativas, resolutivas y fiscalizadoras, poco de lo cual se cumple en la realidad: las comunidades no logran esa representación porque los concejales, entretenidos en los juegos de poder, suelen darles la espalda y las demás funciones, especialmente la de fiscalización, se diluyen por efecto de los compromisos personales, y muchas veces ocultos, que hacen los corporados con los gobiernos locales.
Es lo que hemos visto, especialmente en el caso de Bucaramanga, donde, como lo denunció nuestra Unidad Investigativa hace unas semanas, la mayoría de los concejales parecen estar fuertemente atados a la nómina y la contratación municipal. Esta clase de acomodos son los que terminan por desvirtuar la función de los concejos y deben ser, a su vez, la referencia más importante en la hora actual, en la que la ciudadanía está a punto de tomar una decisión electoral que bien podría remediar en alta medida estos males, si decide elegir a quienes verdaderamente merecen representarla, por capacidad, honradez y compromiso.









