Las Santandereanas
Martes 22 de abril de 2025 - 08:56 AM

Carolina Velandia: una empresaria santandereana que vive con propósito

Con un compromiso inquebrantable, Carolina Velandia, recientemente galardonada como Mujer Insignia Empresarial, ha logrado sobresalir en un mercado altamente competitivo. Inspira a otras mujeres de la región a luchar por sus sueños, sin importar los desafíos.

Sneydy García y Wilmer Niño/ VANGUARDIA
Sneydy García y Wilmer Niño/ VANGUARDIA

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“Cuando el doctor me dijo: ‘usted tiene una enfermedad renal crónica’, me explicó que estaba muy avanzada. Me advirtió que si no empezaba un tratamiento, me moriría en tres meses”. Fueron palabras crudas, pero hoy Carolina Velandia las recuerda con la serenidad que solo regala el tiempo y el amor por la vida.

Tenía 32 años y sabía que lo que vendría sería una montaña rusa emocional y personal. Desde ese momento, su vida cambió para siempre. Ese día comenzó una historia que, aunque cargada de dolor, está llena de determinación, valentía y, sobre todo, amor propio.

Con la berraquera de una santandereana, no se dejó vencer. La insuficiencia renal no llegó a su vida para arrebatarle nada. Carito, como le dicen quienes la conocen, no permitió que la enfermedad le diera un giro a su historia.

De aquella mujer empresaria que se unió al negocio de su padre a los 17 años y que viajó a Chile para lograr escalar en una de las multinacionales más importantes del mundo, nació una empresaria más fuerte. Dio un giro a sus decisiones, deshizo otras y se llenó de fuerza y tranquilidad para aferrarse a la vida.

Hoy, Carolina es el motor detrás de una empresa de alimentos saludables, Súper Bodega Bogotá, patrocinador oficial del Atlético Bucaramanga. Ella lidera el proyecto con la misma energía con la que enfrenta su enfermedad: con carácter, entrega y una sonrisa imbatible. Pero sin sobrepasarse.

“No ha sido fácil, pero he aprendido que cuidarse no es egoísmo, es amor propio. Y las mujeres tenemos que aprender a ponernos de primeras, aunque sea una vez en la vida”. Lea también: Liliana Caballero Rojas: una voz femenina que revoluciona la caficultura en Santander

Sneydy García y Wilmer Niño/ VANGUARDIA
Sneydy García y Wilmer Niño/ VANGUARDIA

Una vida dedicada al comercio

Carolina Velandia es la mayor de cuatro hermanas. Su vida, desde el inicio, estuvo marcada por el temple, el compromiso y el trabajo duro. Ese es su legado familiar.

Su padre, un boyacense que llegó a Bucaramanga a los 13 años buscando nuevas oportunidades, fue quien sembró las primeras semillas. Hoy Carolina las sigue regando y cultivando con entereza y determinación.

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“Mi papá se vino de Boyacá a los 13 años a trabajar en las plazas de mercado”. Comenzó cargando bultos y con lo que él ahorraba luego empezó a comprarlos. “Los vendía y, con lo que le ganaba, compraba un bulto más. Así fue ganando un espacio en el comercio”.

Tejió una red basada en la palabra y el esfuerzo. “Se asoció con Don Antonio, él lo empieza a meter en el negocio, lo va asociando, y montan la primera empresa: Depósito Bogotá”, señala Carolina.

Su padre fue uno de los primeros en llegar a lo que hoy es la Central de Abastos de Bucaramanga, un centro de distribución que marcaría la historia de la ciudad y de su familia.

“Mi papá duró con ese socio toda la vida, más o menos unos 35 años. Fue una sociedad hermosa”, narra Carolina con minuciosidad: conoce la historia desde adentro, pues empezó a seguir los pasos de su padre cuando tenía 17 años.

“No me gustaba que me dieran plata. Me gustaba tenerla yo, por eso dije: ‘papi, quiero trabajar’. Él pensó que le estaba tomando del pelo. Me dijo: ‘Listo, entra mañana a las 5 de la mañana’. Me arreglé y llegué a trabajar”.

Su bienvenida estuvo lejos de lo que esperaba. “Me dijo que tenía a cargo los domicilios. Y yo, con 17 años, con un papá con empresa... esperaba que me pusieran en un cargo gerencial, pero me dijo: ‘usted va a hacer la vuelta de los bancos, va a ir a cobrar’. Después me pasó a compras, luego a contabilidad y también a ventas”.

Hoy reconoce con sabiduría la importancia de las lecciones de su padre. “Uno tiene que hacer los trabajos desde la base para ser un gran líder. Si tú me llevas a la empacadora, yo te empaco. No cargo un bulto porque soy pequeña y el cuerpo no me lo permite. Pero sé cómo se cargan, cómo se hacen las pilas”. Le puede interesar: Teresa Eugenia Prada González: La mujer con el corazón morado que late por las empresarias colombianas

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Sneydy García y Wilmer Niño/ VANGUARDIA
Sneydy García y Wilmer Niño/ VANGUARDIA

Una lección de resiliencia

A los 20 años, Carolina tenía las capacidades y las ganas de tomarse el mundo a dos manos. Se fue a Chile y así lo hizo. Aunque sus primeros pasos no fueron soñados, le sumaron aprendizaje.

La vida le sonrió sin titubeos durante al menos 14 años. Se considera una mujer afortunada y bendecida, pero indudablemente el ser declarada como paciente renal cambió sus días.

“Mientras salían mis documentos, fui mesera. Luego se dio la oportunidad de presentar una entrevista en Unilever, una de las multinacionales más importantes... y no pasé”, recuerda hoy entre risas.

“Me dijeron ‘Caro, usted no pasó por la forma en la que venía arreglada’. Y yo le dije, ¿cómo así?. Me dijo: ‘Caro, usted venía tan bonita que nosotros dijimos: esa niña no es para trabajar en el patio con botas de seguridad y casco’. Mi respuesta fue: yo vengo de Bucaramanga de trabajar en Centroabastos”.

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Su inteligencia y disciplina la llevaron a escalar en diferentes cargos. Luego de años de trabajo se convirtió en directora logística del proyecto de Unilever en Cali. Fue allí cuando decidió regresar a Colombia.

En este puesto recibió la noticia de su enfermedad y con ella, sin resistencia, el tratamiento que le ofrecieron: esteroides, que trajeron consigo efectos secundarios devastadores. “Me veía al espejo y no me reconocía”.

Luego de dos años llegó una noticia que la acompaña desde hace 12 años, todos los días, durante 11 horas: la diálisis. La sola palabra le provocó miedo.

“Uno escucha ‘diálisis’ y piensa en la muerte. Me dijeron: ‘tienes que sacar de tu vida todo lo que te estrese, lo que te haga llorar. Lo que no te dé tranquilidad, te acorta la vida’. Y saliendo de ese consultorio, tomé una decisión que muchos no se atreven”, lo hizo desde la claridad. Lo hizo para priorizarse.

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Con la determinación que caracteriza a las mujeres de esta tierra, tomó las riendas de su vida. Regresó a Bucaramanga para cuidar de ella.

Una vez en Santander, era inevitable no regresar a sus raíces. Potenció y sistematizó los procesos que realizó su padre por más de tres décadas. Hasta que llegó el día en el que dijo: “quiero vender”. Carolina supo que era el momento de ponerse al frente.

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Una enfermedad no es solo eso, es una oportunidad que Dios nos da para ver la vida con una claridad inexplicable.

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Carolina Velandia, gerente de Súper Bodega Bogotá.
Sneydy García y Wilmer Niño/ VANGUARDIA
Sneydy García y Wilmer Niño/ VANGUARDIA

Una mujer que inspira

De sus primeros años en Centroabastos, e incluso de su paso por la multinacional en Chile, Carolina rescata la entereza y berraquera que asumió para enfrentar la crudeza del entorno en el que escribió los primeros renglones de su trayectoria profesional.

“Acá (en Centroabastos), llegué con 17 a encontrarme con conductores que trabajaban día a día, bajo presión. Entre más fletes, más dinero. Entonces no te encontrabas siempre con las persona más amables”, recuerda. “Y para estar metido en el comercio no se necesita ser hombre o mujer, pero sí alguien muy comercial, que le guste este ambiente”.

Su capacidad para liderar equipos, su enfoque en la innovación y su habilidad para conectar con los clientes han sido claves para su éxito en el mundo empresarial, el que hace poco la llevó a recibir el reconocimiento de Mujer Insignia Empresarial, entregado en la ceremonia de la Noche de los Mejores de Fenalco Santander. Además: Silvia Pinto Frattali: la voz que transforma el liderazgo empresarial en Santander

Sin embargo, su enfoque humano la convierte en una persona admirable. Una mujer que con cada palabra y acción abre camino a muchas más. Velar por el bienestar de sus empleados y contribuir al desarrollo social de su comunidad es su forma de aferrarse a la vida.

“Mi trabajo no solo se trata de resultados, sino de cómo puedo impactar positivamente en las vidas de las personas. Creo firmemente en la importancia de crear un ambiente de trabajo donde las personas se sientan valoradas y apoyadas. Cuando uno lidera con el corazón, los resultados llegan de manera natural”, asegura.

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