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Miércoles 29 de abril de 2026 - 01:00 AM

Relato mata dato

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Este Gobierno ha demostrado una notable eficacia narrativa: cuando los resultados no aparecen, siempre encuentra un enemigo. En salud, seguridad y economía, el libreto se repite con disciplina: se promete una transformación histórica, se acusa al pasado, al gran capital o a las instituciones independientes de impedirla, y se presenta cualquier crítica como una conspiración contra el pueblo. El problema es que la narrativa puede ganar debates, pero no cura pacientes, no recupera territorios ni estabiliza la economía.

En salud, el enemigo perfecto han sido las EPS. Sobre ellas se descargó la culpa de todos los males del sistema y se vendió la idea de que su debilitamiento o intervención abriría paso a un modelo más justo. Pero la realidad muestra otra cosa: EPS intervenidas, deudas crecientes, giros insuficientes, pacientes sin atención oportuna y una red hospitalaria cada vez más ilíquida. El Gobierno prometió rescatar a los pacientes de las EPS, pero en la práctica los ha dejado atrapados entre la ideología, la improvisación y la falta de recursos. Y como si faltara algo, nombra en la Superintendencia de Salud a Daniel Quintero, una decisión que parece más pensada para la confrontación política que para recuperar la solvencia técnica del sistema.

En seguridad, la narrativa de la “paz total” se estrelló contra una realidad brutal. Los hechos recientes de terrorismo en el suroccidente colombiano, las amenazas de muerte contra Paloma Valencia y el fortalecimiento de estructuras armadas muestran que los violentos no se desmovilizaron: se reorganizaron. A Iván Mordisco se le quiso dar tratamiento político, cuando en realidad actúa como un vulgar narcotraficante con fusil y retórica insurgente. El caso de alias Calarcá es igualmente absurdo: conserva su estatus de gestor de paz mientras persisten señalamientos por actos delincuenciales. La paz no puede consistir en premiar al delincuente que no se desarma.

En economía, el enemigo escogido es el Banco de la República. Se le presenta como amigo de los bancos y enemigo del pueblo, desconociendo que su mandato es proteger el poder adquisitivo de los colombianos. La idea de que subir tasas enriquece a los bancos es una caricatura peligrosa. La inflación golpea más duro a los pobres, y combatirla exige disciplina. Pero el Gobierno quiere crédito barato, salarios decretados por encima de la productividad, más gasto y baja inflación al mismo tiempo. Esa ecuación no existe.

La narrativa oficial, además, suele viajar acompañada de datos sacados de contexto, medias verdades o afirmaciones engañosas, amplificadas por bodegas digitales y medios públicos convertidos en aparato de propaganda. Así, la falta de ejecución se vuelve sabotaje; la improvisación, valentía; y el fracaso, culpa ajena.

El este Gobierno sobra el relato, falta el resultado y la culpa es del enemigo.

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