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Domingo 20 de septiembre de 2026 - 01:00 AM

“Pasé por 20 cargos, antes de la dirección”

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En la columna de hoy voy a contar la historia de un buen hombre, sangileño como El Gallineral, hijo de don Ernesto y doña Leonor, líder estudiantil en sus colegios y ni qué decir en la universidad; deportista, gran jugador de voleibol, amigo incondicional y quien se convirtió en la imagen empresarial de Cajasan, la caja santandereana de subsidio familiar, la misma que acaba de cumplir 69 años de existencia. César Augusto Guevara Beltrán nació en la Perla del Fonce cuando el sol salía en la década del 60; estudió en el Colegio Cooperativo y luego se fue para el Seminario San Carlos. Su amado padre, quien falleció en enero de este año, tomó la decisión de trasladar a su familia hasta Bucaramanga; el trasteo fue completo y arribó a la apacible Ciudad de los Parques en los setenta junto a su esposa, a sus seis hijos y se enroló en el Banco Comercial Antioqueño -Bancoquia- como cajero. El papá de César no solo fue cajero, fue un honestísimo funcionario de esa sucursal bancaria. Con ese ejemplo, ¡crio a sus hijos!

César hizo quinto y sexto de bachillerato en el glorioso Colegio de Santander y en 1979 aterrizó en la UIS para estudiar Ingeniería Industrial; se convirtió en el presidente del Centro de Estudios de la Facultad de Ingeniería Industrial y tomó la posta en el liderazgo estudiantil para ayudar a sus compañeros en cualquier cosa que necesitaran. A propósito de posta, un día vio jugar al equipo de su carrera en el interfacultades y observó que allí había un rápido y escurridizo puntero izquierdo que le llamó la atención: Fernando Cotes Acosta. El samario tenía pique de carterista y César Augusto le dijo: “Ferco, venga y entrene con Mañe Gutiérrez para que haga parte del cuarteto de la posta 4x100 en los juegos nacionales universitarios”. Dicho y hecho; Fernando José le hizo caso y junto al sabanero Wolman Mena, Javier Sarmiento y Alejandro Fonseca logró dejar un récord en el atletismo nacional por más de 40 años. “César me sacó del fútbol y me descubrió como atleta”, me dijo Fernando Cotes desde la Madre Patria.

En 1986 llegó a hacer su proyecto de grado y sus prácticas a Cajasan; fue amor a primera vista, ahí lo dejaron, allí se quedó para siempre. “Al igual que muchos jugadores de fútbol, pasé por todos los puestos, corrí cajas, empaqué mercados y llegué a la dirección en 1997; convertí a Cajasan en mi espacio de crecimiento personal para ayudar y enseñar”. El año pasado, un día antes del concurso La Mujer del Año Cajasan -tengo el honor de ser el presidente del jurado desde hace 4 años-, Orlando Joya, otro extraordinario ser humano, me dijo: “Yo amo a César Guevara, ese chino me iba a apoyar y me llevaba limonada cuando yo era atleta, es una belleza de ser humano”.

Días antes de la inauguración del auditorio de la UIS en mayo de 1982, vino la polémica acerca de cuál nombre llevaría el recinto. César y los líderes estudiantiles querían el nombre de José Antonio Galán para el escenario; de repente apareció en la sala de espera de la rectoría del alma mater, Iván Hurtado, un ingeniero mecánico experto en música y quien manejaba temas culturales. “En un tocadiscos nos puso música clásica que nosotros no conocíamos y sonaba muy bonito; eran varias canciones y cuando nos preguntó si sabíamos quién era, le dijimos que no. Iván nos respondió: se llama Luis Antonio Calvo y se marchó. Nos miramos y dijimos, el auditorio se debe llamar Luis A. Calvo, qué pena con José Antonio Galán”. César Augusto tiene un hermoso hogar conformado por María Eugenia Nuncira, su esposa, y sus tres hijos, Ricardo, Laura y Valentina, quienes se deben sentir orgullosos de tener a un ser humano como él en casa. En Cajasan y en todos lados, ¡te queremos mucho! Tengo un CD de Luis A. Calvo que me obsequió Kiko Navarro antes de morir; te lo voy a regalar, lo mereces. Gracias por todo, apreciado César.

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