El 27 de septiembre de 1988, la Asociación de Poetas “Palabra en el tiempo” organizó el segundo encuentro de lectura de poesía en la Biblioteca Turbay. Un poco más de 30 hacedores de poesía, como en cualquier graduación a una escuela pública, esperábamos ser llamados al atril. Con escasos 23 años de edad, una hoja daba vueltas en mi mano, mientras miraba con Suprema admiración a quien todos conocíamos como Pablo Zogoibi. En la casa de la amistad de la calle 34, lo vi por primera vez, aún era un tímido estudiante del colegio de Santander y Sebastián Antolínez (su verdadero nombre) un delgado hombre, blanco, de manos grandes y rostro construido, casi bajo la perfección del lápiz de Luis caballero. La vida ahora me tenía a solo pasos del poeta; que caminaba sin prisa sobre los 80 años de edad. En el orden del día fui el tercero; al pasar a su lado sentí la cálida mirada de un padre, cuando su hijo parte a un viaje desconocido. Su turno para leer, “el lápiz” fue él 21,” un lápiz solo tengo entre las manos y puedo defender los campesinos y señalar del triunfo los caminos”.
En 1995, el lápiz se extravía en sus grandes manos y sus amigos lo inmortalizan bajo el árbol de la Biblioteca Turbay; el poeta ha dejado de existir y una plazoleta nos recuerda todos los días “ornado de milagros y de los soles, un árbol crece de la palabra: amigo”
El título de esta columna; pretende invitar al sector oficial de la ciudad de Bucaramanga, a los gestores culturales, escritores, críticos literarios, empresa privada, periodismo cultural y a la comunidad en general a iniciar un gran “diálogo ciudadano” con el propósito de rendir un eterno homenaje al poeta Pablo Zogoibi, mediante la construcción física de una casa de la poesía que lleve su nombre. Se nos ocurre que podría ser, en el espacio superior del emblemático “Parque de los leones” frente a cabecera de la Sierra; donde funciona un improvisado parqueadero de taxis y vehículos particulares, no obstante ser un PREDIO DEL MUNICIPIO (información dada por espacio público de la alcaldía municipal). Esta ciudad necesita con urgencia una invasión de espacios culturales; donde la palabra alimente la vida diaria de propios y extraños. Nadie nos puede quitar la locura bendita del arte y su música. Desde esta columna de opinión seguiremos invitando al sector oficial, como doliente natural; ha mirar con actitud positiva y compromiso serio el futuro de la cultura en nuestra ciudad bonita
Nota: Señor alcalde de Bucaramanga, señora directora del Instituto Municipal de Cultura y Turismo: no olviden que el Teatro Peralta sigue en cuidados intensivos.












