Lo que el domingo pasado, en la noche, era una publicación en redes sociales de un ministro de Estado, en situación de playa, treinta y seis horas después, martes luego de festivo, se convirtió en tema nacional en todos los medios de comunicación. Jaime Andrés Beltrán, el encargado de la cartera de Vivienda, apenas con diez días de haberse posesionado, fue ‘pillado’ en pleno encuentro familiar a la orilla del mar, justo cuando el país apenas asimilaba el desastre causado por el terremoto que sacudió, el 10 de agosto, el occidente colombiano.
El silencio del exalcalde bumangués, cada segundo que dejaba pasar, le cobraba en su contra la pena máxima: que se fuera del imberbe gabinete, como mínimo, por haber cedido a las tentaciones del ocio en medio de semejante tragedia nacional. El pastor cristiano, con larga trayectoria en la política local, se convirtió en un suculento plato a devorar por tirios y troyanos. Le recordaron, entre otras, los magros resultados en los dos años que estuvo al frente de la Alcaldía, su doble militancia, que lo sacó del cargo, y el enredo en el caso de la chatarra ‘extraviada’ durante su administración convertida, supuestamente, en apetitoso botín.
Y como todo lo que sale mal es susceptible de que empeore, la explicación del alto funcionario resultó ser una mala idea de un aprendiz de estratega en atención de crisis reputacionales, “no podemos olvidar que detrás del ministro, hay un padre, hay un esposo, hay un hijo”, dijo circunspecto en un video que publicó en sus cuentas, al referirse a la razón que lo llevó, por unas horas, a compartir tiempo con su familia. Claro que sí, eso nadie lo discute, tiene todo el derecho, lo protege la ley incluso, lo que pasa es que no es fácil de digerir cuando ciento cincuenta mil familias de cuatrocientos setenta y seis municipios del país resultaron damnificadas luego del sismo que destruyó treinta y un mil viviendas y averió otras ciento sesenta y tres mil.
Vino luego el espaldarazo del presidente De la Espriella a su hombre de confianza, y de votos, que diluyó el apetito ‘bogocentrista’ de comer ministro en apenas una semana de trabajo del nuevo gobierno, por lo que el ‘resbalón’ playero no tuvo eco, tanto así, que su exjefe de gobernanza, Richard Caicedo, fue nombrado nuevo director del Icetex.
Beltrán tiene, superado el ‘escándalo’, un inmenso desafío, que no es propiamente construir castillos en la arena, sino acompañar desde su ministerio la reconstrucción con millonarios recursos que se movilizarán rápidamente, sin atender algunas normas propias de la contratación estatal en tiempos normales, lo que exige transparencia y, como no, veeduría ciudadana y vigilancia periodística. Ahí se juega su capital.











