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Domingo 23 de agosto de 2026 - 01:00 AM

Desarrollo basado en agua

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Durante los últimos años he trabajado en un concepto que parte de una idea sencilla: si queremos construir territorios prósperos, productivos y sostenibles, debemos comenzar por entender el agua.

Un territorio no es solo un espacio delimitado en un mapa. Es la combinación de sus recursos, infraestructura, instituciones y, sobre todo, de las personas que lo habitan. Cada territorio tiene capacidades y desafíos diferentes; por eso, su desarrollo no puede responder a una fórmula única.

El Desarrollo Basado en Agua (DBA) propone utilizar el agua como principio ordenador para reconocer esas particularidades y tomar mejores decisiones. Esto implica dejar de verla como un sector aislado, asociado únicamente a los servicios públicos, la salud, el ambiente o la infraestructura. El agua es un activo estratégico alrededor del cual pueden articularse la planeación, la inversión y la gobernanza.

Este enfoque también busca superar la falsa oposición entre conservar y desarrollar. Proteger el agua y utilizarla responsablemente no son objetivos contradictorios. Un territorio que consume sus recursos sin conservarlos destruye su capacidad de generar bienestar; pero conservar tampoco debe significar negar oportunidades a las comunidades. El desafío consiste en hacer ambas cosas de manera equilibrada.

Para lograrlo, se necesita conocimiento, tanto técnico como local. América Latina cuenta con numerosos diagnósticos que no se traducen en acciones porque quienes habitan los territorios no participan en su construcción. La información científica es indispensable, pero también lo es la experiencia de quienes conocen las fuentes, producen alimentos, administran acueductos, desarrollan empresas y enfrentan diariamente los problemas del territorio. Otro factor crítico es la apropiación social del conocimiento. De nada sirve el diagnóstico y la socialización si los grupos de interés no adoptan este insumo para construir una estrategia ganadora.

Esta perspectiva es especialmente relevante en una región con gran riqueza hídrica, pero con profundas brechas de acceso al agua potable. El problema no siempre es la falta del recurso, sino la desarticulación institucional, la ausencia de proyectos bien estructurados y la dificultad para movilizar los recursos necesarios.

Por eso, uno de los principios centrales del DBA es que la metodología ilumina, pero no decide. Su función es generar información rigurosa, construir diagnósticos compartidos, identificar oportunidades y ayudar a priorizar proyectos. Las decisiones corresponden a las instituciones, las comunidades y los actores responsables.

El agua permite comprender cómo funciona un territorio, cuáles son sus límites y dónde están sus oportunidades. También conecta en una misma conversación la producción, la energía, los alimentos, las ciudades, los ecosistemas y la calidad de vida.

El DBA no consiste simplemente en desarrollar proyectos de agua. Consiste en utilizar el agua para entender el territorio y construir, a partir de ella, un modelo de desarrollo capaz de generar prosperidad sin destruir las condiciones que la hacen posible.

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