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Domingo 23 de agosto de 2026 - 01:00 AM

ESSA era la jugada

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En 2009, cuando la ESSA salió a subasta y terminó en manos del Grupo EPM, en Santander se sintió como un despojo, y en las tiendas, en las emisoras y en los cafés de la ciudad se dijo que “los paisas se llevaron la empresa”; pero diecisiete años después vale la pena revisar con calma si esa era, en efecto, la jugada.

La compañía que acaba de entregar Guillermo León Valencia Agudelo no se parece a la que creímos haber perdido: ingresos por $2,25 billones en 2024, utilidades de $252.159 millones ese año y de $269.428 millones en 2025, calificación AAA de Fitch y una emisión de bonos por $300.000 millones que sentó a la ESSA, con nombre propio, en el mercado de capitales colombiano.

Pero las cifras solas son frías, y lo que importa es dónde aterrizaron: cerca de $469.000 millones invertidos entre 2024 y 2025, un plan superior a $395.000 millones para 2026 y subestaciones en Los Palos, Bucaramanga, Mogotes, Yariguíes y Minas, nombres que a la distancia pueden no decir nada, pero que en la realidad le resuelven la vida a miles de ciudadanos, además de más de 3.200 viviendas vulnerables conectadas y electrificación rural para familias que llevaban décadas alumbrándose con velas mientras el resto del departamento hablaba de transición energética.

Santander, por lo demás, no perdió la ESSA, porque la Gobernación conserva el 22% y Bucaramanga el 3%, de modo que no somos los dueños, pero sí somos socios de una compañía AAA que gana un cuarto de billón al año, y esa cuota no es un adorno contable, sino asiento en junta directiva, dividendo y voz sobre la infraestructura que decidirá si el departamento compite o se resigna en los próximos veinte años.

El momento tampoco es cualquiera, porque la empresa entra en una transición gerencial que debe hacerse bien, rápido y, sobre todo, técnicamente, sabiendo que lo que viene no es menor: financiar un plan de inversiones, seguir bajando las pérdidas de energía y acelerar los proyectos de fortalecimiento de la estructura. Así que es el momento de poner en funcionamiento el gobierno corporativo y dejarlo operar.

La nostalgia santandereana de que se regaló la empresa ya debe ser superada: no vale la pena defender una propiedad que no vale nada, sino lograr que la empresa funcione y genere bienestar, porque vale más ser dueño de una fracción de algo que produce, invierte y reparte utilidades que de la mayoría de una empresa de papel. Si la ESSA es hoy una compañía potente es por la mezcla de dos culturas empresariales, por un gobierno corporativo serio, por la capacidad de asociarse y trabajar en equipo, y por ser parte de organizaciones promotoras del desarrollo como Prosantander, y así debe mantenerse: la gerencia no puede ser ocupada por políticos, sino por técnicos, como la de Guillermo, porque solo así la curva sigue subiendo y solo así la energía se traduce en soluciones y bienestar para los santandereanos.

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