La película continúa y Donald Trump seguirá actuando, como lo anunció su vocero Marco Rubio. Ya sacó a Colombia al baile y dice que ahora le toca a esta tierrita que nos vio nacer. No hay duda de que aquí tenemos una poderosa fábrica de alucinógenos que afecta la mente del ser humano, empezando por nuestro presidente Gustavo Petro, a quien en algunas de sus perezosas alocuciones en los medios se le nota un deplorable estado, con frases confusas y enredadas.
Mientras tanto, la operación de incursión en Venezuela sigue su curso. Hoy gobierna la familia Rodríguez: una funge como presidenta y el otro como diputado. Delcy Rodríguez, después de patalear contra Trump, parece ahora alineada con los propósitos del invasor, cuyo interés histórico ha sido el control del petróleo, esa riqueza que yace en sus entrañas, siendo Venezuela la mayor reserva petrolera del mundo.
Si esa riqueza sale a la luz, tendremos un vecino oligarca, disparando su producto interno bruto, lo cual favorecería a nuestra tierrita, que sería el primer abastecedor de comida, vestido y tecnología en obras de infraestructura. Venezuela recuperaría su población y el consumo sería la máquina que pondría en marcha una nueva nación.

Pero esto no se queda así; como decía mi abuelita, “esto se hincha”. Ya Marco Rubio insinúa que viene por Petro, lo cual a muchos aliviaría, pero no pueden olvidar que es un presidente elegido por los colombianos en un hecho democrático limpio: aquí nadie se ha robado el poder. La diferencia es enorme, y atacar a Colombia sería atacar su democracia, con repercusiones en el mundo entero, incluyendo a los Estados Unidos.
Lo más grave sería afectar las elecciones en Colombia, que ya están muy cerca. Sería la continuación de un régimen del cual, como decía mi viejo, estamos mamados. Nosotros estamos preparados para darle la vuelta; como dice la canción, queremos vivir un mundo nuevo. Por eso creo que sería un error garrafal de Trump si se interpone en nuestro camino hacia la libertad.
El presidente de los Estados Unidos debe tener paciencia. Ya tendrá la oportunidad, en las postrimerías de 2026, de ir por Petro, seguramente lo encontrará al sol, bronceando sus pecados y en dudosa compañía. No podrán llevarse a su esposa, quien supo disfrutar del ya lejano mandato de su consorte por el mundo entero, desde luego con nuestra plática.
Nada más divertido será verlo de overol naranja camino a los jueces, que no le perdonarán haber colaborado por omisión con los cultivos de alucinógenos, ni el desborde de los grupos armados al margen de la ley. Su pereza frente al Catatumbo ha generado desplazamientos de familias enteras. Pero esperemos: esto será un largo metraje, con crispeta en la mano.















